lunes, 30 de enero de 2017

Conmoverdora novela del escritor Philippe Claudel

LA NIETA DEL SEÑOR LINH

Se trata de una breve y conmovedora novela escrita por Philippe Claudel, a quien suponemos pariente de Paul Claudel, el famoso poeta francés de la primera mitad del siglo veinte. Sin embargo, en la información que aparece en internet se aprecia un marcado interés por no ofrecer al lector mayores datos biográficos, lo cual, suponemos, se debe a que nuestro autor quiere brillar por sí mismo y no ser comparado con su famoso pariente, si es que lo es.

La novela inicia cuando el anciano señor Linh, que sostiene amorosamente en sus brazos a su nieta Sang Diu, que significa Aroma dulce, viaja en un barco que lo aleja de su país para llevarlo a una tierra desconocida. El viaje dura muchos días y   durante todo este tiempo el señor Linh permanece en cubierta mirando ansiosamente en la dirección del país que acaba de abandonar. Además, sostiene a la niña en sus brazos y la cuida con devoción. Cuando come, mastica un poco de arroz que luego le introduce a la niña  en la boca y que se le escurre por las comisuras. Algunas veces le canta una canción y “la niña abre los ojos”. Cuando el señor Linh la mira, lo que ve son “paisajes, mañanas luminosas, el lento y apacible paso de los búfalos por los arrozales, las alargadas sombras de los enormes banianos a la entrada de la aldea, la bruma azulada que desciende de las colinas al atardecer, como un chal deslizándose lentamente por unos hombros… “

Después de seis largas semanas, el viaje llega a su fin. El señor Linh desembarca y lo primero que nota es que ha llegado a un país “sin olor”. Es conducido a un refugio donde hay muchas otras personas que lo ven llegar, abrazando a su nieta, y se ríen de él. Pero al señor Linh no le importa. Además, no entiende la lengua que hablan.

Transcurren varios días en que el señor Lihn, siempre abrazando a su nieta y protegiéndola de los curiosos que quieren jugar con ella,  no sale del dormitorio. Al fin, un día se escapa y camina varias cuadras, pero no demasiado lejos para no perderse. Cansado, se sienta en el banco de un parque. De pronto, llega un extraño y se sienta e intenta entablar conversación con el extranjero pero es imposible porque ninguno conoce la lengua del otro. El señor Lihn le presenta a su nieta y le informa que se llama Sang diu. Luego, para saludar cortésmente, pronuncia “Tao-lai”, que en su  país es la forma correcta de hacerlo y que el extraño, que se presenta como el señor Bark, interpreta como su nombre. Después de un rato, el anciano y su nieta se despiden y regresan al dormitorio.

La amistad entre los dos hombres aumenta con los días, aunque siguen sin entenderse verbalmente. Pero hay circunstancias que los unen: los dos están solos, se sienten perdidos en esa ciudad porque sus vidas han sufrido un cambio radical. Como Bark es un fumador empedernido, el señor Lihn se anima a pedirle a la enfermera que le entregue la dosis de cigarrillos a que tiene derecho cada día. Así sucede pero, en realidad, el anciano se los obsequia al señor Bark.

Un buen día el señor Lihn y su nieta son trasladados a otro hospital lejos del primer refugio y él no puede despedirse del señor Bark. Desesperado, se sienta en el banco del jardín, “acuna a su nietecita, le habla, le murmura al oído palabras cariñosas y contempla el mar que agita sus olas y sus corrientes a los lejos,  sus pies”. Las enfermeras y los otros pacientes lo observan y se ríen.

Desesperado por haber perdido a su amigo sin haberse despedido, un buen día, después de reconocer el terreno, sale del hospital y empieza a caminar en la dirección del parque donde se encontraba con el señor Bark. Siempre se asegura de que su nieta esté bien protegida para que no se le vaya a caer en el camino.  Poco a poco reconoce algunos edificios y hacia allá se dirige con la intención de  llegar al parque donde se encontraba con Bark. Por supuesto, sujeta a la niña con firmeza.

Tras varios tropiezos en su caminata a ciegas,  finalmente ve el parque y a su amigo Bark sentado en la banca. Corre desesperado sin tener en cuenta que debe cruzar la calle y que hay coches que circulan en ambos sentidos. De pronto, ya no ve nada pero no suelta a Sang Diu.

En escasas 126 páginas, Philippe Claudel nos narra una historia sobre el exilio, el dolor que significa haber dejado atrás todo lo conocido y amado, lo difícil que es llegar a un país extraño desconociendo el idioma y la amistad entrañable que surge entre dos hombres que no conocen la lengua del otro y, sin embargo, se entienden porque sus circunstancias son similares.

Por las descripciones y algunos nombres, suponemos que el señor Lihn viene del oriente, quizá de Birmania u otro país. O tal vez, como llega a Francia, quizá se trate de un extranjero procedente de  Indochina, en los tiempos en que este país ocupaba este  territorio en el sudeste asiático. Es también una historia de amor, no sólo a la nieta Sang diu, sino a la tierra perdida, así como al nuevo amigo que le da la bienvenida a su nuevo país.

El amor por la nieta a la que protege, alimenta y cuida como a su tesoro más precioso, cantándole hermosas canciones de la tierra que ha quedado atrás, es también  muy conmovedor.


El inesperado final deja al lector con lágrimas en los ojos y conmovido por esta historia de amor. 


Olga Arias, excelente poeta y un poco olvidada.

DURANGO, CIUDAD PALOMA, SEGÚN LA POETA OLGA ARIAS

Es el rostro de Durango al amanecer
Algo tan especial y puro
Que yo le llamo ciudad paloma,
Porque su blancura dulcemente iluminada.
Me hace recordar esas aves de pico  rosa
Y genio apacible, que tranquilamente
Se posan en las torres catedrales.

Ciudad paloma,
Donde las horas llegan
Y se abisman y se alejan, tan lentamente,
Como una caricia enamorada,
Y donde el cielo logra
El azul intenso de los sueños ilusionados
Con que los poetas adolescentes miran a sus novias.

Éstos son los primeros versos de los Cuatro preludios para una ciudad, (amanecer, mediodía, atardecer y la noche) escritos por la poeta Olga Arias que siempre es recordada porque bautizó a Durango como “Ciudad Paloma”. Creo que ahora ella se sentiría decepcionada porque la ciudad a la que se refiere, en los años cincuenta, era como ella la describe: tenía pocos habitantes, no había coches, la gente caminaba a cualquier lado, era muy limpia y la contaminación era inexistente. Además, el Cerro de Mercado lucía orgulloso su crestón. Muchas hermosas casonas eran admiradas en varias calles. El recoleto Jardín Victoria todavía no había sido transformado en la plaza de cemento que hoy se llama Plaza IV Centenario. Todo ha cambiado con el tiempo y, supuestamente, con el progreso. Lo que sí se conserva hermoso  en plenitud es el azul de cielo que, al atardecer, se tiñe de lila y rosa brindándonos un hermoso paisaje. También la luna, cuando está llena, brilla intensamente e ilumina el firmamento.

Olga Arias, nació en Toluca, Estado de México, en 1924 y falleció en Durango en 1994. Llegó a esta ciudad en 1939  porque su padre, quien era general del ejército, fue destinado a esta localidad. Permaneció aquí cuando su padre y toda su familia se trasladaron a Mazatlán.   Muy joven, contrajo matrimonio con Enrique Weber con quien procreó cuatro hijos. En otras palabras, adoptó a  Durango, decidió permanecer aquí y nunca se arrepintió de la decisión que había tomado. Disfrutaba tanto de la vida en esta ciudad, que en una entrevista que le hice me declaró enfática: “Durango es mío”.

Mientras gozó de buena salud, su rutina diaria incluía, cuando la ciudad apenas empezaba su actividad diaria,  una caminata hasta el expendio donde vendían todos los periódicos locales y de la Ciudad de México. Los llevaba a su casa y dedicaba varias horas a su lectura. Después, salía nuevamente y se dirigía a la cafetería “La Única”, en la calle de Constitución, frente a la Plaza de Armas, entraba con la frente en alto y tomaba asiento en una mesa ocupada por muchos hombres que hablaban sobre literatura, principalmente la poesía.  Sin saberlo ni proponérselo, abrió con su conducta la posibilidad de que muchas mujeres después de ella se atrevieran a entrar a las cafeterías solas o a compartir mesa con sus compañeros.

Su poesía no es bien comprendida por muchas personas porque se aleja por completo, como dice Evodio Escalante, en su estudio preliminar al libro Del inexpresable sentimiento -que recoge parte de la poesía de Olga Arias-  publicado por el Instituto de Cultura del Estado de Durango para celebrar el 450 aniversario de la fundación de la ciudad, “sus textos se apartan de modo radical de la literatura ambiente que fomentaban en ese entonces los concursos de poesía cuyo galardón consistía en la famosa flor natural “.

Mantuvo una relación muy cercana con las autoridades locales, por lo que fue muy protegida y admirada por  ellos; sin embargo, no gozó del reconocimiento nacional. “Darse a conocer desde provincia –me dijo una vez- es casi imposible”. Pero eso no fue impedimento para que enviara sus poemas, por correo,  a España, Argentina, Italia y otros lugares donde obtuvo algunos galardones.

A excepción de los “Cuatro preludios para una ciudad”, su poesía no goza de gran difusión, principalmente entre las mujeres conservadoras que no disfrutan de sus versos y muchas veces no los entienden. Tiene, sin embargo, algunos textos breves que me parecen  muy bellos. Como ejemplo, este testimonio:

Estoy en mí y de mí voy hacia el universo,
Porque yo soy y el cosmos está en cada una
De mis células.

Tuve oportunidad de conocerla y de conversar con ella a mi regreso a Durango. Cuando yo era una adolescente, sólo la admiraba por su conducta tan diferente a la de otras señoras. Una vez que concluí mis estudios universitarios y me enfrenté a un mundo distinto, me fue posible comprenderla. Más allá del valor de su poesía, su desafío de las formas tradicionales de conducta para las mujeres en esta ciudad nos abrió nuevos caminos para nuestra vida, así como para la poesía.

En el Parque Guadiana hay una fuente que lleva su nombre y muy cerca de mi casa una estancia infantil también ha sido bautizada así.   





domingo, 22 de enero de 2017

Naranja dulce, limón partido, una metáfora de la vida.


Amigos lectores, éstas son mis memorias o relatos autobiográficos porque el libro no tiene la estructura exigida por una autobiografía. Sin embargo, creo que son muy interesantes. Se presentó en agosto de 2016 en el Cabildo y, después, en un conversatorio en el lobby del Hotel Casablanca. Ya andan circulando por el país y un poco por los Estados Unidos porque se los he enviado a unas amigas, pero no se pueden conseguir en una librería.  Lo escribo porque me gusta pensar que ustedes, mis amigos lectores de otros países, estén enterados de lo que voy escribiendo. 

Mi nuevo libro de cocina Aromas de Durango que ya se presentó en la Feria del Libro de Guadalajara.


Es la nueva versión de mis anteriores libros de cocina, esta vez publicado por el CONACULTA y presentado en la Ciudad de México el 15 de octubre del año pasado. Ahora se presenta el martes 24 de enero, a las 6:30 p.m., en el Hotel Casablanca. Para mí, cuando escribí mis libros, las historias eran más importantes, y así lo decidió el CONACULTA.  La fotografía de portada fue tomada en la Cremería Wallander, de la calle de Independencia, por el fotógrafo durangueño Octavio Zaldívar.  


Un poco de historia sobre los menonitas en Dgo.

LOS MENONITAS EN DURANGO

Yo conocí a los menonitas cuando era niña. Venían a consulta con mi tío Alfonso Pérez Gavilán que tenía su consultorio en la casa donde vivía mi abuela, una espaciosa casa sobre la calle de Zaragoza. Me llamaban la atención porque ellas siempre vestían un vestido negro  floreado y la cabeza cubierta con un chal o pañoleta. Ellos vestían un pantalón de mezclilla, con pechera, una sencilla camisa y un sombrero de paja. Ignoro cómo se entendían porque mi tío no hablaba alemán, pero sí inglés. Además, como era un hombre tranquilo y preocupado por sus pacientes, es seguro que se esforzaba por entender lo que ellos le dijeran. Lo demás se lo decía el examen médico. La mujer llevaba siempre una canasta con una blanca servilleta que cubría su contenido. A veces pienso que era su manera de pagar los honorarios.

Muchos años después, durante un corto período en que trabajé para la Embajada de Canadá, me encontré a los menonitas de nuevo, pero esta vez en papel. Muchos habían venido a Durango desde Canadá y querían conservar la nacionalidad canadiense, aun cuando ya iban en la tercera generación.  Mi trabajo consistía en revisar todos los documentos que se recibían diariamente y que incluían desde el acta de nacimiento del abuelo para comprobar que la solicitud de querer registrar al nieto como ciudadano canadiense era justificada.  Pero nunca estudié ni reflexioné más sobre ellos hasta que volví a Durango y conocí a Liliana Salomón Meraz, autora del libro Historia de los menonitas radicados en Durango (2ª. Ed, 2009).

La historia de la llegada de los menonitas a México es larga, pero nos concentraremos en lo que se refiere a su establecimiento en Durango. La autora nos informa que “En junio de 1924, 347 menonitas que integraban cuarenta familias llegaron a Durango”. Luego, continúa: “da una idea de su llegada el dato de que sólo un tren con veintisiete carros de carga, cuatro coches de pasajeros y dos carros de equipajes” viajaron durante diez o doce días desde Saskatchewan, Canadá, atravesando todo el territorio de los Estados Unidos y el norte de México hasta llegar a la estación de Alisos, a cinco minutos de Patos (hoy Nuevo Ideal) donde se establecieron. Señalaremos de paso que esa región llevaba el nombre de Patos por la cantidad de aves migratorias que llegaban a las lagunas de esa región.

Ya radicados en Durango, los menonitas se dedicaron a trabajar duro (y lo siguen haciendo) en la tierra que habían adquirido en esa región del noroeste del estado. Era una región donde no había mucha agua y el frío invernal es intenso, pero los menonitas la han convertido en un vergel. Tan es así que hay muchos turistas  han viajado especialmente a Durango para conocer esa zona. Se les conoce  generalmente como las Colonias Menonitas. Tienen una tienda donde expenden sus productos y con facilidad y sencillez muestran a los visitantes sus instrumentos de trabajo y sus instalaciones. A pesar de que se niegan  a que sus hijos asistan a la escuela normal, han aprendido el español y lo hablan muy bien. Son familias muy numerosas con siete o diez hijos y las mujeres se sienten mal  si  no logran tener muchos hijos.  Son especialistas en la fabricación de queso que se vende en muchas tiendas de Durango; además, ofrecen también a los visitantes hamburguesas con una gruesa rodaja de carne (yo sólo puedo comerme la mitad), pan y galletas.

Su arduo y continuado trabajo ha hecho de la región de Nuevo Ideal un sitio interesante. Distan aproximadamente dos horas y media en coche desde la capital del estado, pero kilómetros antes de llegar ya se empieza a distinguir el verdor de sus campos. Además, han hecho de Nuevo Ideal una región próspera que cuenta con una excelente institución  financiera, además de restaurantes que pueden atraer a los visitantes.


Cuando en la Ciudad de México o en otras regiones se habla de los menonitas, siempre se refieren a los establecidos en la región de Cuauhtémoc, Chihuahua, y olvidan a los que viven en Durango. Tal sucede, por ejemplo, en el filme Luz silenciosa, del director mexicano Carlos Raygadas que fue galardonada con el Ariel, además de un premio en el Festival de cine de Rotterdam en 2005 y otro premio, en Lima, Perú, en el mismo año. No la he visto, pero sé que es muy larga y que la fotografía es espléndida porque muestra el amanecer y el atardecer, con espléndidos colores, en las amplias llanuras de Chihuahua. Sin embargo, puedo afirmar que los colores del cielo en Durango tanto al inicio del día como al ocaso compiten y quizá ganen a los del estado de Chihuahua. 

Bellos textos de Yolanda Natera sobre el norte del país, especialmente la región lagunera.

VIENTO AZUL

Este libro, integrado doce relatos escritos por la doctora Yolanda Natera,  especialista en homeopatía, y residente en Torreón, Coahuila, es uno de los pocos que se han ocupado de dar a conocer la naturaleza y el paisaje del norte del país. Se habla mucho de los escritores del sur o del Distrito Federal, pero es muy raro que algún crítico preste atención a los libros editados en el norte generalmente por los Institutos de Cultura. Como me comentó en una ocasión la distinguida poeta Olga Arias (nacida en Toluca en 1923 y arraigada en Durango), “darse a conocer desde provincia, casi imposible.” Yolanda Natera sí ha tenido la suerte de que sus textos hayan sido recogidos en otras publicaciones, por ejemplo, en la antología titulada Sin límites imaginarios, editada por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Los doce relatos que integran el volumen son los siguientes: Remolinos, Sorpresiva flor, La pesadilla, Un día cualquiera, Peñascos, Canto de Ave, Recuerdos de alguien, Zapato de bailarina, Dólares caros, Los pájaros, Errante,  y Ofelia en el país de las maravillas. Todos ocurren en la zona conocida como la región lagunera, aunque mucho más en Torreón, Coahuila, y sus alrededores.  Muchos tienen que ver con los problemas que debe enfrentar la mujer: el acoso sexual, la discriminación racial o el despido de un trabajo bien remunerado cuando la mujer tiene dos hijos y carece de otros ingresos o querer ser libre sin ataduras como marido o hijos.

En el texto “La pesadilla” la historia tiene que ver con lo que lamentablemente ocurre con mucha frecuencia en los pequeños poblados aislados en el campo y que con mucha facilidad son tomados por los delincuentes que se aprovechan de las tierras y de sus habitantes. El texto empieza de la siguiente manera: “Desde aquella época en que aterrizaban avionetas en el llano, mi vida se pintó de oscuro. Algunos sueños se convirtieron en pesadillas que revivían la cara con su diente dorado”. Más adelante el lector descubrirá quién tenía el diente dorado y por qué razón le provocaba tantas pesadillas a la protagonista que carece  de nombre, lo que indica que es una situación por la que atraviesan muchas mujeres.

En “Un día cualquiera” la narradora recuerda cómo fueron los inicios de Torreón y de la zona del Mercado Alianza y del Cerro de la Cruz. Hace más de cincuenta años eran unas calles animadas y seguras, se podía caminar por ahí sin temor alguno. Puedo decirlo porque yo, siendo una adolescente, anduve muchas veces por esa zona porque era ahí donde se encontraba la terminal de los autobuses Transportes del Norte, que iban de Durango a Torreón. Mi tía abuela Luz y yo tomábamos ese autobús cada dos semanas para trasladarnos a Torreón donde yo estaba siendo atendida por un ortodoncista ya que en Durango no había ninguno. Efectivamente, era el corazón de Torreón, pero todo cambió cuando los narcotraficantes se apoderaron de la ciudad y ese es precisamente uno de los temas que aborda este  relato.

Quizá uno de mis preferidos sea “Peñascos”, dedicado sobre todo a cantarle a la naturaleza. Se trata de un vaquero que nunca quiso estudiar y que desde niño, y con la aprobación de su padre, se dedicó  vivir en el campo cuidando a los animales y admirando la belleza de este suelo semidesértico, con muy escasa vegetación, pero con una gran belleza. Veamos el siguiente párrafo:

En la oscuridad, apareció una lengüeta azul y roja cerca de la vereda, Jinete y caballo nos sobresaltamos. Lengüeta de lumbre. Fue que brotaba de la tierra, fuego fatuo. Decíase que el fuego fatuo sale de la tierra donde hay huesos o metales enterrados.” {…} Más adelante, al mirar al cielo, iba cayendo un aerolito, como una canica de lumbre lanzada a la tierra. Había mucho que mirar en esa tierra de sol hiriente y luna fría. Así es la región, ahí por Ceballos. Después le llamaron Zona del Silencio, porque se dejaban de oír los radios. Entonces nosotros ni radio teníamos”.

En los textos “Zapato de bailarina”, “Dólares caros”, “Los pájaros”, “Errante” y “Ofelia en el país de las maravillas”, la autora aborda los temas relacionados especialmente con la mujer. Por ejemplo, la que pretende ser americana porque es rubia cuando vive en California y luego es descubierta, la mujer sometida por su madre que no le permite vivir feliz su vida de casada, la que es despedida y aun teniendo un título universitario no puede conseguir trabajo así que recurre a la actividad tradicional de la mujer: la cocina, o la mujer libre a quien no le importa ser madre y regala a su hijo recién nacido. Todos ellos se ocupan de situaciones que la mujer contemporánea tiene que afrontar.

Como ya lo hemos señalado, destaca también en el texto la minuciosa descripción de la naturaleza, del vibrante sol de esa región, de la forma en que la vida ha ido cambiando. Además, intercala en distintos relatos localismos propios de esa zona: por ejemplo. Aterrada (con el sentido de llena de tierra por las tormentas de tierra propias de esa región), engarruñada, maniada (torpe) y enlentecen (vuelven lento).

                                                  


domingo, 15 de enero de 2017

Excelente adaptación de la novela de Vargas Llosa

LA FIESTA DEL CHIVO

Tal es el nombre correcto de esta magnífica novela de Mario Vargas Llosa que se  publicó en el año 2000. Ahora, en el Canal 12 (televisión abierta) de Durango se transmite de lunes a viernes una serie titulada El Chivo que seguramente ya pasó por los canales de paga. Advierten que se trata de una adaptación libre –yo diría que muy libre- de la novela mencionada. El título es el apodo con el cual la gente se refería al dictador Rafael Leonidas Trujillo, cuya dictadura en la República Dominicana duró, según unos historiadores,  cuarenta y tres años y, según otros, treinta y uno. Durante esos largos años se piensa que murieron 50,000 personas víctimas de la tortura por oponerse a la dictadura y participar en la organización de atentados que fracasaron continuamente, ya sea porque cambiaba la ruta por donde pasaría el automóvil de Trujillo, o porque alguien delataba el plan. En la serie, el actor mexicano Julio Bracho encarna a Trujillo y cumple bien con su cometido.

La novela de Vargas Llosa empieza de un modo diferente. Urania Cabral, una dominicana exiliada en Nueva York, regresa a su país en 1961 después de veinte años de ausencia y cuando dejó de ser una dictadura. Se aloja en un hotel. Todavía viven su padre y unas amigas, pero ella prefiere caminar por el centro y no saludar a nadie. Después se aleja más de ese rumbo, hasta que va a dar a la casa de sus amigas. Ellas le preguntan por qué no ha querido saludar a su papá y entonces la novela vuelve al pasado.

Para humillar a sus generales, particularmente a quienes lo habían decepcionado,  Trujillo tenía la costumbre tener relaciones sexuales con las esposas de estos generales obligándolas a ello porque de otro modo mataría a sus hijos o a su marido. Además, después de lo sucedido, Trujillo le decía en voz alta al general ofendido, rodeado de otros generales, que había sido una experiencia maravillosa hacer el amor con su esposa. Sin que se afirme en la novela, la madre de Urania había fallecido rápidamente cuando ella todavía era  una niña y todo hace suponer que se debió a la humillación a la que la sometió Trujillo con el consentimiento de su marido que no la defendió.  

Un buen día, Trujillo decide experimentar con adolescentes de un colegio de monjas entre las cuales se encuentra Urania. El padre se opone e insiste con Trujillo para que desista, pero éste lo amenaza y, entonces, cede. Envía a Urania a la residencia de que disponía Trujillo para sus aventuras amorosas diciéndole que va a haber una fiesta. Una vez en el lugar, Trujillo no puede consumar el acto sexual y esto beneficia a Urania que escapa y se refugia en el colegio de monjas. Éstas la protegen, le consiguen un pasaporte y la envían a los Estados Unidos. Es precisamente este hecho lo que aleja  a Urania de su padre y de su país y es la causa por la cual no quiere verlo.  Finalmente, lo visita.

Ésta es la historia  que sirve como eje a la narración, pero también hay varios capítulos dedicados a describir  cómo se planeaban  los atentados y como fallaban.  Finalmente, sí logran herir a Trujillo, pero en ese momento los Estados Unidos de América intervienen y el dictador tiene que dejar la isla. No sé dice donde murió y dónde está enterrado, pero habría que leer una biografía de Trujillo para tener esa información.

En la serie se ha dado bastante espacio a las escenas de tortura dirigidas por Johnny Abes García, un hombre sádico que había participado en Alemania en la tortura a los judíos y que existió en realidad. Lo ayudaba en estos oficios el general Agustín Cerebrito Cabral y otros oficiales que no estaban de acuerdo pero que no tenían otra opción.

Las actrices son muy bellas, pero no quedan claros los nombres. La canción de entrada es muy buena y ad hoc para las escenas. Dice asi: “Anda con cuidado, porque la fiesta del chivo ha empezado”. Y ya hemos presenciado la humillación a la que sometía a mujeres y hombres por igual.

Hay algunas escenas que no tienen nada que ver con la novela; por ejemplo, cuando Trujillo llama a Batista, el dictador de Cuba,  y le advierte del peligro que representa Fidel Castro y su grupo tanto para la propia Cuba como para la República Dominicana.


La novela, como ya dije, es formidable, si bien algunos capítulos le erizan la piel al lector al enterarse de las torturas y del sigilo con que vivieron tantos dominicanos durante tantos años.  Supongo que la serie terminará con la caída de Trujillo quien, por cierto, profesaba un amor ciego a su madre, pero antes veremos muchas escenas de tortura y de planes para los atentados, así como el precio que algunos pagaron al ser descubiertos.