jueves, 24 de noviembre de 2016

Rita Hayworth en Durango en 1959

RITA HAYWORTH EN DURANGO



Esta renombrada actriz estadounidense vivió en Durango casi seis meses en 1958. No vino como actriz a filmar una película, sino a acompañar al productor  James Hill, su último esposo, que supervisaba la filmación de la película The Unforgiven, traducida al español como Lo que no se perdona y protagonizada por Audrey Hepburn, Burt Lancaster, Lillian Gish y Sal Mineo, entre otros.
Su nombre real era Margarita Carmen Cansino Hayworth. Nació en Nueva York en 1918, seguramente de una familia puertorriqueña. Era una hermosa mujer con un cabello que tenía tintes rojizos (o se los agregaron al maquillarla) y se convirtió en el símbolo sexual en los Estados Unidos y en otros países en los años cuarenta. Se considera que es la antecesora de Marilyn Monroe. Según leemos en internet, fue “una de las actrices más emblemáticas de la época dorada del cine estadounidense”.

La película Gilda, dirigida por Charles Vidor, la lanzó a la fama. El papel estelar masculino estuvo a cargo de Glenn Ford, otro gran actor de esos años, y que, según nos informa internet, en el filme le propina una tremenda bofetada. No he tenido oportunidad de verla, así que no puedo dar más datos al respecto. Pero sí recuerdo que, para algunas mujeres, Rita Hayworth, en esa película, se veía muy escandalosa y provocativa con el ceñido y  strapless vestido negro. Afirman que ella solía decir: “Todos los hombres que conozco se acuestan con Gilda pero se levantan conmigo”. Otra película importante en su filmografía es La dama de Shangai, filmada en 1947, donde compartió honores con el actor Orson Welles, quién, además, en ese tiempo era su esposo. Algunos comentaristas afirman que su fama decayó cuando Hollywood decidió convertirla en rubia y en introducir otros cambios en su famoso cabello.

Después de su divorcio de Orson Welles, contrajo matrimonio con el príncipe iraní Aga Kahn, que fue sumamente comentado en todas las revistas dedicadas al cine. Tuvo una hija Yasmine Aga Kahn. Posteriormente, contrajo matrimonio con James Hill, su último esposo, con quien vivió pocos años pues falleció en Nueva York en 1987.

En Durango llevó una vida discreta al lado de James Hill. Vivieron en una casa que la empresa alquiló para ellos en la Colonia Los Ángeles, una de las mejores zonas de la ciudad en aquellos días. Era, además, común que para las películas que requerían de una estancia prolongada en la ciudad, las empresas rentaran  casas para el director, en este caso John Houston, y para los  actores  principales, en este caso, Audrey Hepburn y Burt Lancaster. El resto del equipo se instalaba en el céntrico Hotel Casablanca que todavía sigue siendo preferido de muchos huéspedes.

Además, en ocasiones sucedía que contrataban a señoras de la sociedad para que actuaran como amas de llaves y, en muchos casos, como cocineras (como fue el caso de mi mamá) para evitar problemas domésticos y que todo fluyera bien. Como el sueldo y las rentas que pagaban eran muy superiores a los habituales por esos días en Durango, nadie  rehusaba y con gusto rentaban la casa o trabajaban de alguna manera para las compañías fílmicas.

Mi mamá trabajó para Rita Hayworth durante toda su estancia en nuestra ciudad  y el dinero que obtuvo por sus servicios no lo invirtió en comprar ropa o perfumes, sino para ayudar a mi hermano Carlos que, por esos días, iniciaba sus estudios en la carrera de arquitectura en la Ciudad de México. Era una excelente cocinera y conocía el gusto de los americanos, así que se esmeraba para que ellos estuvieran contentos. Recordaba con frecuencia que, en varias ocasiones, al terminar la comida (cena para nosotros)  Rita se dirigía a la cocina y le decía sonriendo: “Well done, Rosa”.


En una ocasión, Rita invitó a mi mamá y a mi hermana Alicia, que era una adolescente, a acompañarla a la filmación. Ambas estuvieron encantadas y Rita le dedicó a mi hermana la foto que acompaña a este texto.  Yo no tuve oportunidad de conocerla ni de ir a la filmación porque debía permanecer en la  oficina pendiente del teléfono. 

Carta comentando la muerte de mi abuelo materno

58.- EPISTOLARIO SEMO

Cape Girardeau, Mo., 3 de julio de 1958.

Mi muy querida mamá:

El otro día recibí una carta de mi tío Carlos en la que me cuenta cómo murió Papá Chuy; me pasé el día entero llorando y no podía calmarme. Sé que ustedes están muy tristes y que es muy doloroso lo que pasó, pero se me hace que no se sienten como yo porque al menos ustedes están juntos y se consuela mutuamente. Palabra que no deseo que nadie se vea en mi situación; me siento muy extraña porque no siento ganas de estudiar y se me hace como que no vale la pena. Dios quiera que estos últimos días no se me hagan tan pesados como el domingo pasado porque ese día parecía que el reloj se había detenido todo el día. Espero que todos ustedes estarán más consolados porque, como dice mi tío Carlos, así es mejor porque para él porque ya no estará sufriendo tanto, y Mamá Pina, tampoco. Lo más triste es que ya estaban tan cerca de cumplir sus bodas de oro ¡Sea por Dios!

Estos últimos días he tenido una comezón espantosa; por un momento, creí que era otra vez lo de la hiedra por el calor, aunque no he ido a nadar, pero ojalá que sólo sean piquetes de moscos. No había hecho mucho calor pero julio se presenta como asador; estamos otra vez cerca de los 100 grados Fahrenheit.

Este fin de semana lo voy a pasar en casa de Mrs. Estes porque como el 4 de julio es gran fiesta nacional todas las chicas se van a sus casas. El dormitorio no cierra oficialmente pero a mí no me seducía la idea de quedarme sola con las cocineras y el mozo, así que le hablé a Mrs. Estes y ella va a venir por mí.  No me acuerdo si ya te había platicado que el año pasado una pareja se metió en el dormitorio y atacaron a una chica, así que con esa información menos me quedo sola. No sé por qué pero a veces cuando voy al baño en la noche y todo está tan callado, me entra un miedo horrible y me pongo a temblar; siento como si alguien estuviera a la vuelta del corredor dispuesto a atacarme. Es la sensación más desagradable.

La semana pasada te compré un vestido, pero no es negro. Quisiera saber si prefieres que lo cambie a ver si consigo uno negro aunque lo dudo pues con el calor que hace incluso las señoras mayores usan vestidos strapless y en colores pálidos; parece que yo soy la única excepción.

Mrs. Mackey me dijo que recibió tu carta y que te lo agradece infinito. A propósito, Mrs. Pott te escribió la semana pasada, probablemente ya recibiste la carta. Además, te manda un regalo conmigo, pero no te voy a decir qué es para que sea una sorpresa.

El otro día estaba pensando en tu venida a San Antonio, Sería formidable si pudieras lograrlo pues además de que me daría mucho gusto que me vinieran a encontrar, tendrías unas vacaciones y volverías a los U.S.  El pasaporte te cuesta como tres dólares y me imagino que necesitarás el acta de nacimiento. Si no puedes venir hasta San Antonio, ¿no podrías venir a Monterrey? Estoy segura de que la señora Rosita estaría encantada de tenerte en su casa y a mí me fascinaría que estuvieras esperándome allí. El puro viaje a Monterrey sería divertido pues ha crecido mucho y no lo reconocerías. Descansaría y te pasearías.

De la ida a México, a mí no me seduce la idea en lo absoluto. México se me hace formidable para ir a pasear, pero no para vivir. Sí, es cierto que tendría oportunidad de ganar más dinero, pero todo se me iría en gastos; además, hay mucha competencia. Estoy segura de que para cada empleo hay miles de solicitudes y quién sabe si yo conseguiría un empleo. En caso de que no pueda conseguirlo en Durango, trataría de encontrarlo en Torreón porque allí también hay muchas empresas que pagan bien. Si no se puede allí, quizá en Monterrey, en el consulado. Tal vez Mr. Ostrander me ayudaría a conseguir la chamba aunque como pagan bien, hay miles de solicitudes. Además de todas estas razonesm quiero estar con ustedes y con J. Si me voy a México, cuando él regrese no lo puedo ver. Espero que esto no te mortifique mucho y ojalá que J. ya te satisfaga un poco más.

Estaba pensando en la idea de Carlos a México y me parece que no sería mala idea que les escribieras a los Cuéllar y les preguntaras si Carlos podría vivir con ellos. Ya construyeron su casa nueva y está muy grande, según me cuenta Emilia. Viven muy cerquita de C.U., que sería probablemente adonde Carlos tuviera que ir, así que por ese lado sería muy conveniente para él. Además, tú estarías segura de que Carlos estaría bien vigilado. Emilia estará en segundo de Arquitectura el año próximo y le podría ayudar con las clases. Emilia no está en la Universidad Nacional sino en la Iberoamericana. También estaba pensando que si le escribes a mi tía Gloria Gómez Palacio, su hijo puede conseguirle un empleo a Carlos en su oficina porque ya ves que él es arquitecto y muy inteligente. No se me ocurre nada más para ayudarlo pues lo demás le resta a mi papá hacerlo. Quién sabe si sería posible conseguirle una beca para el Southeast Missouri State College aunque no le serviría de mucho. El año próximo van a venir un muchacho de Alemania y una muchacha de Francia, becados; el College les paga los gastos y, en compensación, ellos ayudan con las clases de alemán y francés, además no tienen que dar speeches, como yo. Creo que no debe quejarme de los speeches pues si fueron muy latosos, me regalaron una cantidad de cosa que yo no hubiera podido comprar.

Podría seguir escribiendo pero Mrs. Estes va a venir por mí y todavía no he empacado. Espero que no te disgustes por lo que digo de la ida a México, pero es que de veras voy en serio con J. aunque no sé lo que piense él. Espero que lo mismo que yo.


Recibe todo el cariño de tu hija que especialmente quisiera estar contigo en estos momentos.   

Presentación de mi libro Aromas de Durango

AROMAS DE DURANGO



Quizá sería en mayo de 2015 cuando recibí una llamada telefónica que me sorprendió y me llenó de alegría. Era un funcionario del CONSEJO NACIONAL PARA LA CULTURA Y LAS ARTES  que me informó que dicho Consejo estaba interesado en publicar una nueva edición de mis anteriores libros de cocina, con el título Aromas de Durango, en un nuevo formato, y que se presentaría el 15 de octubre de 2016 en la 2ª.  Feria de Libros de  Cocina organizada por el Consejo en el Museo de Culturas Populares en Coyoacán, un sitio ad hoc, y, además, hermoso.  Por supuesto, con gran emoción acepté de inmediato porque fue un regalo que la vida me puso en las manos inesperadamente. En Durango no hubiera conseguido jamás una segunda edición porque todos los escritores están siempre ávidos de que los dos Institutos de Cultura del Estado (el estatal y el municipal) acepten publicar alguno de sus textos.

Transcurrió el año, como se había dicho, con todos los trámites que hay que cumplir y la presentación se llevó a cabo tal como se había anunciado. Además, se presentaron cinco libros pertenecientes a otros estados.  Este año se rendía homenaje al Estado de Guerrero y, especialmente, al Colectivo Comunitario de Cocineras Tradicionales de Costa Grande, de dicho estado.  Estas cocineras se veían hermosas ataviadas con sus trajes y tocados típicos  llenos de colorido; además, se esmeraron en llevar antojitos guerrerenses para obsequiar a la concurrencia. Por ejemplo, atoles de distintos sabores, agua de Jamaica y de horchata, tamales de distintos tipos, deliciosas empanadas rellenas de coco, que nunca había probado.

Fueron muchos los libros que se presentaron, así que sólo mencionaré unos cuantos que seguramente los sorprenderán, amigos lectores, como me sorprendieron a mí porque hay una diferencia grande entre la cocina del norte y del sur de México. Por ejemplo, Los atoles de Acapetlahuaya, de Rosa Román; Pan tradicional de Acaxochitlán, La magia de la cocina típica otomí, Recetario tradicional isleño del Caribe mexicano, Cocina tradicional tabasqueña y muchos más, todos interesantes, bien ilustrados y con espléndido colorido. Particularmente interesantes fueron dos conferencias: “Los alimentos que México dio al mundo” (por ejemplo, el tomate (que en el Distrito Federal denominan jitomate), el aguacate, el maíz, los frijoles, los cacahuates y tantos más, La tacopedia. Enciclopedia del taco, y la “Historia de los recetarios en Iberoamérica”.

 Lamentablemente, debido al cambio de autoridades, el estado de Durango sólo aportó la bebida alcohólica conocida como sotol  y unos dulces de melón deshidratado que corresponden a la región lagunera, es decir, a las ciudades de Lerdo y Gómez Palacio. Faltaron, en primerísimo lugar, los tornachiles, los dulces de nuez y de almendra, el pinole de Santiago Papasquiaro, los duraznos en conserva, entre otros muchos.

En la presentación de mi libro me acompañaron dos apreciados amigos: Antonio Avitia, historiador especializado en el período conocido como la Guerra Cristera,  y Mónica Perla Hernández, la excelente periodista que vivió muchos años en Durango antes de retornar a la Ciudad de México. Además, tuve el gusto saludar a antiguas alumnas y a otros parientes cuyas raíces se encuentran  en Durango y que proceden de familias que tuvieron que emigrar cuando se inició la Revolución de 1910.



Además, estuvieron presentes representantes de museos interesados especialmente en cultura popular, así como  de editoriales con excelentes libros de cocina; entre ellos, La cultura del té, aun cuando en nuestro país se aprecian mucho los tés hechos con la hierba seca, por ejemplo, manzanilla, yerbanís y, en invierno, canela y Jamaica en el gustado ponche que bebemos en los fríos días de invierno.

Entre las experiencias interesantes  e inesperadas que viví esa mañana fue una larga entrevista que me hicieron. Cuando pregunté en qué medio podría verla, me dijo el reportero que era para la Agencia Xinhua, de noticias en español, en China. WOW ¡Qué emoción!

En pocas palabras, haber asistido a esta 2ª. Feria del Libro de Cocina Tradicional fue una experiencia maravillosa, además de que nos tocó  un día espléndido lleno de sol.

Fotografía tomada por el durangueño Octavio Zaldívar, en la Cremería Wallander. 


miércoles, 2 de noviembre de 2016

Comentario sobre la vida y obra de Ramón Novarro

DE BEN-HUR AL OLVIDO: RAMÓN NOVARRO 

Ramón Samaniego Pérez Gavilán, conocido en los anales cinematográficos como Ramón Novarro, era primo hermano de mi madre y, por tanto, mi tío. Lo conocí cuando niña, en una ocasión que visitó a mis abuelos en Durango y se hospedó en la casona de las calles de Zaragoza. Lo saludé  a la hora de la comida cuando se sentó  a la izquierda de mi abuela; yo  ocupé mi lugar habitual,  a su derecha, entre ella y mi tía Luz..  Cada vez que podía, lo miraba con atención. Era un hombre de porte distinguido, quizá cercano a los cincuenta años y de cabello gris.  Vestía informalmente con un saco de gamuza en tono café cocoa.  Mis tías me habían dicho que era guapísimo y, la verdad, ese mediodía no me lo pareció.  Concluida la comida, nos sentamos en el corredor; al caer la tarde, mi abuela y Ramón salieron para visitar el Santuario de la Virgen de Guadalupe. Me di cuenta que llevaba un rosario en el bolsillo izquierdo de su saco. Después, se comentó que había donado una suma importante para unas obras del  templo. Ramón Novarro fue siempre un hombre generoso con toda su familia y  lo fue incluso con  Louis Samuel, su secretario de confianza durante los años de gloria, que lo estafó con casi dos millones de dólares y contra el que no procedió legalmente con toda el rigor que Samuel se merecía, por lo que no lo pongo en duda. Nunca más volví a verlo.

Nació en la ciudad de Durango, el 6 de febrero de 1899, hijo del Dr. Mariano Nicolás Samaniego y de María Leonor Pérez Gavilán. Fue el cuarto hijo de trece descendientes, de los cuales el primero y el décimo murieron en la infancia. En 1910, la familia emigró al Distrito Federal a causa de la revolución. Sus padres lo inscribieron en el Instituto Científico de México, a cargo de los jesuitas, donde inició sus estudios de música. En 1915 todos retornaron a la tierra natal.

Era una familia numerosa, de disciplina estricta, con una fuerte inclinación hacia la iglesia, como era usual en las familias conservadoras de la época. Tres de sus hermanas, Guadalupe, Rosa y Leonor, profesaron como monjas. Leonor abandonó el convento muchos años después, se casó y tuvo un hijo al que llamó Nicolás. A ella la traté muchas veces en la Ciudad de México; como su hermano, era generosa y amable y, por supuesto, solidaria con la familia. Más tarde regresó a California,  donde falleció. Durante nuestras conversaciones nunca me atreví a preguntarle por su hermano. Por su parte, Ramón también se sentía atraído por el sacerdocio y de no haber sido por sus obligaciones económicas y por el encuentro con el productor y director de cine Rex Ingram, que lo impulsó en su carrera cinematográfica, es muy posible que se hubiera decidido a entrar al seminario.

En 1916, Ramón, de apenas diecisiete años, y su hermano Mariano, de quince, decidieron viajar a El Paso, por  tren, pero regresaron a pie a Durango porque el puente de Escalón había sido dinamitado. Poco después, lo intentaron de nuevo: esta vez cruzaron la frontera por Piedras Negras. De ahí, se dirigieron a la ciudad texana y, sin avisar a sus parientes, partieron rumbo a Los Angeles. Ramón tenía voz de  tenor, aunque sin gran potencia, y confiaba en hacer carrera en la ópera. Sentía gran amor por la música ya que, por las noches desde sus días en Durango,  su madre y él solían pasar la velada cantando y tocando el piano. En 1918, todos los Samaniego se establecieron en esa ciudad y la responsabilidad de mantener a la familia recayó sobre todo en Ramón dado que su padre no pudo ejercer su profesión de dentista.

Sin abandonar las lecciones de música y canto, Ramón inició su carrera en el cine como extra. Su primer papel fue como bandolero mexicano en una  cinta filmada en el desierto del Mojave. Poco después filmó una película de arte, The Rubayait of OmarKhayam, que nunca llegó a estrenarse y de la cual sólo se utilizaron algunos pies. En ese filme utilizó el apellido Samaniegos, con el cual intentó abrirse camino en Hollywood.  El director fue Ferdinand Pinney Earle y la actriz Kathleen Kay. Vinieron luego años difíciles en que Ramón trabajó en lo que fuera: desde modelo en una escuela de arte hasta acomodador en el  teatro con el fin de estar siempre presente y en contacto con el ambiente cinematográfico.

La suerte se puso de su parte y, en 1922, interpretó a Rupert de Hentzau, en El prisionero de Zenda, por invitación precisamente de Rex Ingram. La actriz protagónica fue Alice Ferry, que mantuvo una larga amistad con el artista mexicano. En 1923 encarnó a André Louis Moreau, en Scaramouche; dos años más tarde vendría la película que lo consagraría como el gran actor del cine mudo: Ben-Hur.  En el papel de Messala, aparecía Francis Bushman y como Esther, May McAvoy. El director fue John M. Stahl.

La película se rodó inicialmente en Italia donde tropezó con innumerables contratiempos, entre ellos, el desperdicio de las treinta galeras construidas para el filme  que nunca pudieron utilizarse debido a un mar encrespado y frío. Después de un receso, la empresa tomó la decisión de filmar la película en California y, en 1927, fue estrenada en la ciudad de Nueva York con gran éxito. De ahí, pasó a todas las pantallas de los Estados Unidos de América y al mundo entero. Si bien la película recaudó  millones de dólares, nunca se recuperó la inversión debido a las pérdidas en Italia. André Soares, autor de Beyond Paradise: The Life of Ramon Novarro (New York,  St.  Martin’s Press, 2002), una extensa y acuciosa biografia del actor, afirma que con el fin de facilitar el éxito de la nueva versión de la cinta, con Charlton Heston en el papel protagónico, la empresa ordenó destruir todas las copias de la primera y que, milagrosamente, en un museo de Checoslovaquia se encontró una película original con la cual se han podido reconstruir otras copias.

A Ben-Hur le siguieron muchas otras cintas de gran éxito; entre ellas, Mata Hari , con Greta Garbo –quien  también fue siempre una amiga fidelísima- producida por la Metro Goldwyn Mayer y estrenada en 1931. No obstante, con el surgimiento del cine sonoro su carrera se eclipsó porque a pesar de sus largos años de  residencia en California no había logrado eliminar su acento español.  Según el ya citado André Soares, influyeron igualmente en este descenso de su popularidad no sólo la escasez de papeles de príncipes o condes extranjeros que pudieran justificar su acento extranjero (como fue el caso de Dolores del Río), sino, además, el hecho de que conservó siempre su nacionalidad mexicana y  se rehusó a contraer matrimonio, contrariando las indicaciones de las empresas cinematográficas. Además, durante largos años  Novarro acarició el sueño de triunfar en el mundo de la música –que a su madre le parecía más digno-, por lo que en ocasiones no se encontraba  en Hollywood cuando lo buscaban para alguna película. En cuanto a su actividad en México, sólo filmó una película, La virgen que forjó una patria (1942), en el papel de Juan Diego, bajo la dirección de su primo Julio Bracho. Al contrario de lo que sucedió con Dolores del Río, optó por regresar a California.

Por lo que toca a su nombre de artista, primero agregó una s a su apellido, con lo que quedó Samaniegos, nada fácil de pronunciar para un anglohablante y del que se burló sin piedad la famosa comentarista del espectáculo de esos años, Louella Parsons, articulándolo como Samanegas (muy parecido a ham and eggs). Cambió entonces a Novarro porque el apellido Samaniego proviene de Navarra, España. Sustituyó la primera a por la o porque estaba convencido de que así habría una “vibración cósmica” que lo llevaría al éxito.

No fueron muchos los premios que recibió a lo largo de su carrera cinematográfica. Sin embargo, podemos mencionar dos: en 1932, le fue entregado el George Eastman House Medal of Honor for Distinguished Contribution to the Art of Motion Pictures 1926-1932 (la medalla de honor de la empresa George Eastman  por su distinguida aportación al arte cinematográfico). En 1965, por iniciativa de Gregory Peck, Ramón Novarro y otros importantes artistas del cine mudo recibieron un homenaje de la Academia de las Artes por las mismas razones.

Si bien hoy es casi una figura casi olvidada o apenas recordada por Ben-Hur, la verdad es que su filmografía es considerable:

Como extra o pequeños papeles:  9 cintas  (incluyendo Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1921), al lado de Rodolfo Valentino).

Con su nombre incluido en el reparto y en papeles protagónicos:  41 (la última  en 1960, Killer With a Gun, protagonizada por Sophia Loren y Anthony Queen).

Como productor, director y escritor:  la obra de teatro Contra la corriente (1960).

Película breve: The  X-mas Party (1931) de nueve minutos de duración , donde cada actorn actuaba como en la vida real y cuyo reparto incluía a Norma Shearer, Clark Gable y Lionel Barrymore.

Murió en condiciones dramáticas el 30 de octubre de 1968. La divulgación de las circunstancias de su fallecimiento puso al descubierto una faceta de su vida personal que Ramón Novarro había tenido buen cuidado en ocultar. Los detalles del proceso y del juicio a que fueron sometidos sus atacantes y que fueron dados a conocer por la prensa, opacaran su buen nombre. No obstante, cuando se encontraba en la cúspide de su carrera, dice André Soares, su fama superaba a la de otros artistas latinoamericanos como Gilbert Roland, Dolores del Río, Ricardo Montalbán e, incluso Anthony Quinn.

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Nota: La información sobre la  vida y obra de Ramón Novarro procede del volumen Beyond Paradise,  de André Soares, ya mencionado. 



                                                 

Comentando la muerte de mi abuelo materno, Papá Chuy

57.- EPISTOLARIO SEMO

Cape Girardeau, Mo., 29 de junio de 1958

Acabo de recibir el telegrama de mi tío Carlos anunciándome la muerte de Papá Chuy. No sabes cómo quisiera haber estado allá con todos para siquiera haber tenido el gusto de verlo una vez más, aunque él no me hubiera reconocido. No sé por qué no le hice caso y me regresé a fines de mayo, como él me lo decía, pues así hubiera estado con todos ustedes y no me sentiría tan culpable por no haberlos acompañado. Yo quisiera estar allí para acompañarte y ayudarte, pero ya sabes que aun estando tan lejos físicamente, espiritualmente estoy allí y me siento tan triste como tú y toda la familia, Dios sabe por qué suceden las cosas como son y  creo que así fue mejor para ti y para los demás; ahora él estará en el cielo gozando de Nuestro Señor porque él era como un santo y Mamá Pina y los demás no sufrirán tanto al verlo tan enfermo. El día 27 le mandé una tarjeta para saludarlo y ojalá no la hubiera mandado o lo hubiera hecho antes mas yo confiaba en que Dios nos lo iba a conservar más tiempo.

Ésta no es la ocasión más apropiada para hablar de paquetes, pero te lo tengo que decir porque si no van a llegar y no sabes qué son. Por el correo van a llegar tres paquetes y por el express, dos. Los paquetes van sellados y amarrados y aunque así deben entregarlos, dudo que lo hagan. Te mando una lista detallada de lo que contienen. Un paquete en el correo es de libros; no es posible venderlos y quise conservarlos pues probablemente me sean útiles más adelante; son novelas, dramas, diccionarios, etc. Otro va marcado como printed matter y contiene revistas, folletos, programas, etc.; son más bien como souvenirs pero cosas que yo quiero que todos ustedes vean, nada más se los encargo. El último paquete por correo –que dudo mucho llegue, aunque espero que sí- contiene un tigre de peluche bastante grande, de juguete, y unos ganchos para colgar la ropa. Estos tres bultos deben llegar a fines de esta semana.

Por el express van dos  cajas amarrados como una sola; se supone que van a llegar selladas y que no van a pagar derechos pues la ropa que mando es la que traje de allá cuando me vine que, aparte de ser mexicana, está ya muy usada. Estos bultos están asegurados por $50.00 dólares, así que si algo se extravía puedo reclamar y me pagan. No te enojes porque los mandé, pero no me quedaba más remedio ya que aun tengo seis maletas y dos cajas que voy a llevar conmigo cuando me vaya, materialmente no podía cargar con todo junto. Rézale a  Nuestro Señor para que no se me pierda nada en la aduana; probablemente la ropa junta no vale ni $50.00 dólares pero si me la hago nueva me sale más cara, así que me arriesgué y Dios quiera que llegue con felicidad. 

Del viaje a San Antonio no sé qué decirte. Si puedes conseguir el dinero, a mí me daría un loco que me vinieras a encontrar pues aparte de verte me podrías ayudar. No sabes el miedo que me da la pasada por la aduana con todos los triques que tengo.

Ya no necesito más dinero para que no te preocupes por eso. Dios me ha de ayudar para que me vaya bien.




No te pongas muy triste y no llores mucho para que no te vayas a enfermar; cuídate y está tranquila respecto a mí. Rezaré por él mucho y trataré de aceptar la voluntad con resignación.






Recibe todo el cariño de tu hija que quisiera estar contigo,

martes, 4 de octubre de 2016

Reflexiones sobre el desaparecido Cerro de Mercado

CERRO DE MERCADO

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Según el novelista argentino Ernesto Sábato, “El tema no se debe elegir: hay que dejar que el tema lo elija a uno. No se debe escribir si esa obsesión no acosa, persigue y presiona desde las más misteriosas regiones del ser. A veces, durante años”. Por su parte, el escritor español Javier Marías se expresa de la siguiente manera cuando se le cuestiona respecto de ciertos autores desconocidos que aparecen en sus obras y que dan la impresión de haber sido buscado con ahínco: “puede que sean más bien esos personajes quienes conmigo se han cruzado”.

Tal me ha ocurrido a mí con el Cerro de Mercado, o lo que resta de su magnífica mole que me busca, me observa y parece pedirme que me ocupe de él. Al circular cotidianamente de sur a norte, respondo a su mirada con la mágica esperanza de que su orgulloso perfil de hace setenta años resplandezca de nuevo indicándome que ahí está, como siempre, en su sitio, como guardián del Valle de Guadiana indicándome el norte. Si mi anhelo se convirtiera en realidad, me fascinaría contemplar una vez más la aureola rosalila que lo nimbaba y que no hace mucho todavía podía apreciarse desde la Biblioteca en lo alto del Cerro del Calvario. El Cerro de Mercado se ha convertido en mi interlocutor: sostenemos largas y amenas conversaciones mientras yo conduzco hacia el norte. Otros días, simplemente me transporta al pasado.

En los años cincuenta del siglo pasado vivíamos en la calle de Independencia, a unos pasos de Pino Suárez. Por invitación de mi tío Agustín, que trabajaba en los Ferrocarriles Nacionales, en varias ocasiones suplí a una secretaria durante sus vacaciones. Debía llegar a la estación a las 6:30 a.m., a tiempo para la salida del tren a Tepehuanes con el fin de entregar a los asistentes del conductor los objetos de aseo necesarios para el viaje.

Al salir de la casa, abordaba un diecero (así se denominaban entonces los automóviles colectivos que cobraban diez centavos) que cubría la siguiente ruta: por Pino Suárez, hacia el oriente hasta llegar a Patoni; luego, doblar hacia el norte hasta topar con la Avenida Felipe Pescador (quien fue un destacado superintendente de los ferrocarriles); ahí, doblar a la izquierda hasta la estación. En esa ciudad todavía dormida, sin tráfico y en silencio, el Cerro de Mercado se veía majestuoso; como todos los durangueños, yo también soñaba que, con él, nos llegaría la abundancia. Los años pasaron, la riqueza se esfumó y el Cerro pervive en nuestra memoria en fotografías, pinturas, novelas, ensayos, obras de teatro y, pronto, según me han informado, en un rincón que le será destinado dentro del Museo del Acero en la ciudad de Monterrey, construido en los antiguos terrenos de la Fundidora de Fierro y Acero.

Más allá de la decepción que sufrió el conquistador español Ginés Vázquez de Mercado al comprobar que la montaña no era de plata, la ilusión de la riqueza que el mineral podría generar para el estado tiene su fundamento; por ejemplo, en la opinión de Henry G. Ward, diplomático e historiador inglés que recorrió nuestro país en 1827, antes de la pérdida de la mitad del territorio. Sus observaciones sobre el estado de Durango y su capital quedaron plasmadas en el voluminoso libro México en 1827, publicado por primera vez en Londres y reimpreso en 1981 por el Fondo de Cultura Económica. Respecto de nuestra montaña anotó, en otros aspectos, lo siguiente:

“El Cerro de Mercado está hecho por completo de minerales de hierro de dos clases distintas (cristalizado y magnético), pero casi igual de ricas, ya que ambas contienen de sesenta a setenta y cinco por ciento de hierro puro”. A pesar de su cercanía con la ciudad –que él estimó en un cuarto de legua estaba consciente de que la fundición de los minerales era tarea difícil por la falta de yacimientos de carbón. Sin embargo, creía que era fácilmente superable porque “debido a la semejanza del hierro del Mercado con el de Danemor, los herreros de Suecia entenderían al instante la naturaleza del proceso”. Estaba convencido de que los pobres resultados obtenido por los señores Urquiaga y Arechavala (originarios de Vizcaya) eran consecuencia de su falta de conocimientos sobre cómo tratar los minerales.

Señalaba, además, que el cobre para la aleación se traía desde Chihuahua a un precio elevado: “veinticuatro dólares el quintal”. A pesar de estas dificultades, consideraba que las ventajas del Cerro de Mercado eran tales que Durango se convertiría “en unos cuantos años, en el escenario de operaciones para alguna gran asociación de capitalistas extranjeros o nativos, cuyas actividades desarrollarán por primera vez completamente los recursos de la región”. No ocurrió así. El hierro partió rumbo a Monterrey. Fue la Compañía de Fierro y Acero de Monterrey la que se benefició con el mineral y los  habitantes del Valle de Guadiana nos quedamos con las manos vacías y sin ilusiones.
Hace algunos años, la noticia de la construcción del Museo del Acero me tomó por sorpresa. Una amiga regiomontana, que colaboraba en el proyecto, me dijo: “He estado pensando en ti porque necesito información sobre el Cerro de Mercado”. De inmediato, le envié la que estaba a mi alcance y la puse en contacto con Enrique Mijares, autor de la novela Convidado de piedra  y Antonio Avitia que escribió un texto histórico: La montaña de las ilusiones. Historia del Cerro de Mercado. La mejor fotografía del Cerro, antes de su explotación, fue localizada en la Fototeca Nacional, en la ciudad de Pachuca, capital del estado de Hidalgo.

Hace unos años visité apresuradamente el Parque Fundidora, como se le conoce actualmente. Se reparó el horno de fundición y se aprovecharon al máximo las anteriores instalaciones adecuándolas para distintas funciones, por ejemplo, una cineteca y un museo de pintura. El conjunto, en su totalidad, es hoy día orgullo de la ciudad de Monterrey. En Durango, los límites de la ciudad han rebasado el sitio donde se encuentran los restos del Cerro que siguen explotándose en busca de otros minerales. Quienes lo conocimos, seguimos extrañado su orgulloso perfil y su aureola rosa-lila que iluminaba esa parte de la ciudad.



Carta a mi hermano Gonzalo

56.- EPISTOLARIO SEMO

Cape Girardeau, Mo., 19 de junio de 1958

Muy querido Gonzalo:

Recibí tu cartita el otro día y me dio mucho gusto ver que cada día que pasa escribes mejor. Qué bueno que te has vuelto aplicado porque así te harás un hombre de provecho.

Te escribo a máquina porque necesito practicar más y, además, porque como tengo que escribir otras cartas, acabo más pronto. Ojalá que te haya ido muy bien en los exámenes y que te saques las medallas que quieres; ojalá que Riqui se entusiasme con tus medallas y que el año próximo no dé mucha guerra cuando tenga que ir al colegio.

No creas que no tengo ganas de estar allá con ustedes y poder ir a nadar, pero ya pronto volveré y entonces sí podremos ir juntos. Aquí no he tenido oportunidad de ir a nadar muchas veces porque aparte de que cuesta muy caro, tengo mucho que estudiar y no tengo mucho tiempo libre. En la alberca del colegio podemos nadar gratis los martes y jueves de 7:00 a 9:00 p.m., pero como van muchachos y muchachas se arma un desbarajuste de miedo y prefiero no ir.

El otro día fui al cine a ver una película de Cantinflas y me gustó mucho. ¿Qué tal estuvieron las tuyas?

Yo le mandé una tarjeta a Gaby para felicitarla por su niño, pero salúdala de mi parte cuando la veas y dile que estoy muy sentida porque no me ha escrito.


Bueno, dile a Papá Chuy de mi parte que espero ya pronto se aliviará. Dale un abrazo a Riqui de mi parte y tú recibe el cariño de tu hermana,