viernes, 14 de agosto de 2015

Carta a mis abuelos en sept. 1957

Cape Girardeau, Mo., 5 de octubre de 1957
Mis queridos Papá Chuy y Mamá Pina: 

Un millón de gracias por el cheque, me va a servir mucho.

Aquí ya hace mucho frío, pero a mediodía hace calor. Además, a las 6:30 p.m.   está completamente obscuro. Es muy bonito caminar por los jardines y el bosque en este tiempo pues todos los árboles tienen hojas de distinto color y sopla un vientecillo medio frío, pero a gusto.

No se imaginan qué cumpleaños más bonito tuve. Comencé desde el día 3, pero eso lo leerán en la carta de mi mamá, así que les contaré mi fiesta de anoche. Comimos a las 5:30 p.m. y después me vine encarrrerada al cuarto, me puse unos pantalones y una blusa y me fui a la lavandería para lavar mi ropa en la lavadora  y poder plancharla hoy sábado.

Cuando acabé, como a las 6:30 p.m., me iba a venir a mi cuarto a escribir cartas, pero una de las muchachas vino y me dijo que me fuera a su cuarto, en el piso de abajo, a oír discos y yo, muy confiada, la seguí.  Luego, como a la media hora, alguien le habló y entonces me dijo: “Phyllis tiene un vestido nuevo. ¿No quieres subir a verlo?” Y dejó que me adelantara. Imagínense cuál sería mi sorpresa  al entrar al cuarto en esas fachas. La mayoría de las muchachas muy bien vestidas, todo muy adornado y una mesa preciosa con dos pasteles, bizcochos, café, regalos y tarjetas.

 Para colmo de desgracias, me tomaron fotografías con la boca abierta y los ojos pelones. Me cantaron Happy birthday y me regalaron unos pantalones de lana, lindos, una blusa blanca estilo camisero, aretes, pañuelos y muchas tarjetas firmadas por todas las chicas del dormitorio. El regalo sorpresa fue un tigre de peluche, muy grande, porque yo había comentado que nunca había tenido un peluche. Estaba tan sorprendida porque fingieron tan bien; yo las había invitado a comer pastel en mi cuarto y todas me dijeron que no podían porque iban a salir o tenían algo qué hacer, así que yo estaba muy desconsolada, pero luego me sentí tan feliz. Tan monas, invitaron a Miss Cleaver y a la chica de Panamá. Nos divertimos cantidad.

Saludos a todos y no dejen de escribirme. Reciban todo el cariño de su nieta que no los olvida.


María Rosa

Encuentro de escritores 2015

ENCUENTRO INTERNACIONAL DE ESCRITORES JOSÉ REVUELTAS

Del 7 al 10 de julio de 2015 en la Ciudad de Durango

Con la participación, como estado invitado, de Sinaloa y del laureado escritor Elmer Mendoza, a quien se le hizo un reconocimiento especial al término de la inauguración, y de Luxemburgo, también como país invitado, el encuentro dio inicio el miércoles 8 de julio, fecha en que se conmemoró el 452 aniversario de la fundación de Durango por el capitán Francisco de Ibarra. Como actividad extraordinaria, el martes 7  los escritores locales esperaron a los sinaloenses en el puente El Baluarte, en la carretera a Mazatlán, lo que les brindó la oportunidad de conocer la sierra.

A los escritores procedentes de Luxemburgo,  se les organizó un paseo al rancho del mítico actor estadounidense John Wayne, así como a Villas del Oeste (antes conocidas como la  Calle Howard) donde todos los fines de semana se escenifican historias relacionadas con el oeste, y a Chupaderos, donde se filmaron muchas películas de vaqueros. Esa mañana, el sol radiante incendiaba el campo así que los visitantes también tuvieron una probadita del astro rey que nosotros disfrutamos todos los días.

Las sesiones de trabajo comenzaron la tarde del martes, pero comentaré sólo aquellas a las que asistí. Por ejemplo, la conferencia de Elmer Mendoza, titulada “Cómo me convertí en escritor de novelas policiacas”, divertida, amena y estupendamente preparada. No fue un texto leído, sino que de vez en cuando le echaba un vistazo a sus notas. La primera vez que oí su nombre fue hace muchos años cuando Carmen Aristegui (ahora vetada por la emisora MVS) y Javier Solórzano acompañaron al escritor español  Arturo Pérez Reverte a presentar su novela La reina del sur (convertida en telenovela hace algunos años  y protagonizada por Kate del Castillo y Cristina Urgel) en Culiacán. Fue entonces que Mendoza empezó a cobrar notoriedad y que se hablaba ya de las novelas sobre el narcotráfico. Ahora estoy empezando a leer Efecto tequila, publicada por vez primera en 2004 y finalista del Premio Internacional de Novela Dashiell Hammet. Es divertida, admiro el empleo de la intertextualidad (ahora llamada hipertexto) utilizando el rock, los cantantes famosos y frases comunes del habla mexicana, pero como no sé nada del rock, la lectura se torna un poco farragosa.
   
En una de las mesas de narrativa participó el buen amigo y estupendo narrador Jaime Gutiérrez Vargas, durangueño que reside en La Laguna. Leyó algunos trozos de un largo cuento (para no abusar del  tiempo asignado a los otros participantes) bien estructurado y con el buen humor que lo caracteriza. En mi opinión, excelente tanto por el texto mismo como por el respeto hacia los otros escritores. En esa mesa también participaron Imanol Caneyada (España-Sonora) que tuvo tantos problemas para leer de su tableta que perdí el hilo de su  texto; David Ojeda, quien la  manejaba mejor,  leyó un texto larguísimo solo para terminar con un soneto de Manuel José Othón y Ana Clavel, procedente de la Ciudad de México, quien llegó cargando sus libros porque no estaban en las mesas de venta. Ignoro si habrá logrado vender algunos. 

El famoso dramaturgo durangueño Enrique Mijares (más estimado en otras ciudades de la república y en Argentina, donde ha impartido diversos cursos, que  en su ciudad natal) participó igualmente en otra mesa de narrativa. Leyó un breve texto sobre los desaparecidos en Durango inspirado, según nos dijo, por una noticia periodística. Excelente y nos abrió los ojos y la mente respecto de una realidad de la que no estamos conscientes o que preferimos ignorar.

Este año se agregaron dos nuevas sesiones: “Literatura y traducción” y el conversatorio “La literatura y el cine”. No puedo dar más información porque, lamentablemente, no asistí a ninguna. Sin embargo, puedo afirmar que el director de cine Julio Bracho llevó al cine una obra polémica: La sombra del caudillo (1951) que estuvo enlatada durante muchos años por su contenido político. Un escritor argentino que estuvo en México a principios de la década de los años ochenta, Manuel Puig, escribió una novela excelente La traición de Rita Hayworth (1978) que se presta a comentarios muy interesantes en lo referente a esta actriz y la relación cine-literatura. La novela Doña Bárbara (1954), del  escritor venezolano Rómulo Gallegos, protagonizada por la muy joven María Félix, fue el inicio de su exitosa carrera y un claro ejemplo del uso del cine para dar a conocer una interesante novela.

En cuanto a la mesa “Literatura y traducción”, me gustaría sugerir que en el futuro se invitara a participar en dicha mesa a los escritores durangueños que han sido traducidos. Mencionemos a los que conocemos. Lucero Alanís de Gurrola, duranguense radicada en Guadalajara desde hace muchos años y hermana de Pilar, nuestra querida amiga ya fallecida, defensora del arte funerario del Panteón de Oriente, cuyo libro de poesía Los silencios del día fue traducido al francés en Canadá, en 2007, con el título Les silences du jour.

Por su parte, el poeta durangueño Juan Emigdio Pérez Olvera, que radica en Durango,  cuenta con dos poemarios también traducidos al francés por Éditions Alondra, Montreal, Québec, 2003:  Llama lacerada con el título La flamme blessée e Instinctos de luna,  con el título Instincts de lune que así se vendieron en ese país. La escritora Liliana V. Blum tiene también varios relatos traducidos al inglés, pero desconozco cuáles son y si fue o no mencionada en la sesión.

En mi caso, no tengo ningún libro traducido al inglés (lo que me haría muy feliz) pero sí me gustaría señalar que traduje varios libros de los hoy considerados como literatura de autoayuda para la Compañía General de Ediciones, ya  desaparecida, aunque a veces me he encontrado algún libro en los estantes de venta en el restaurante Vip’s. Además, traduje al español un ensayo de John Brushwood, el profesor universitario estudioso de la literatura mexicana, que se incluyó en un libro publicado por la UNAM.  Traduje,asimismo, muchos documentos legales para el bufete Basham, Ringe & Correa. Lamentablemente, toda esa actividad terminó cuando me radiqué en Durango.


El encuentro concluyó el viernes 10 de julio con un concierto y una cena. Creo que José Ángel Leyva, curador del mismo, se encargará de preparar una memoria que seguramente estará disponible el año próximo. 

miércoles, 22 de julio de 2015

Telenovelas mexicanas

TELENOVELAS MEXICANAS: UN PRODUCTO DE EXPORTACIÓN

Para nadie es un secreto que las telenovelas mexicanas producidas por TELEVISA han tenido gran éxito en muchísimos países y que han sido traducidas a diversos idiomas. Parece que a TELEVISIÓN AZTECA  no le ha ido tan bien porque recientemente anunció que suspendería la producción de telenovelas y despidió a actores, técnicos y demás personal necesario para este tipo de filmación. Ahora prefiere los programas de entretenimiento  (bastante bobos, en mi opinión) y  de concurso como Escape perfecto, El legado y  Master Chef. Sin embargo, sus novelas sí ayudaron a varias actrices y actores a conseguir fama y dinero; por ejemplo, a Margarita Gralia y a Paola Núñez, como actrices, y a Omar Fierro, Sergio Basáñez y Andrés Palacios, entre los actores. Mencionemos, de paso, que Angélica Rivera, protagonista de  La Dueña (1995) y, en 2007, como la Gaviota, en la telenovela Destilando amor, y actual esposa del presidente Enrique Peña Nieto  declaró que había ganado 480 millones de pesos con TELEVISA, suma que le sirvió para comprar la tan cuestionada Casa Blanca de Las Lomas.

Esta introducción viene a cuento porque  TELEVISA y la Universidad Iberoamericana ofrecen desde hace tiempo un diplomado sobre guionismo, con  duración de dos años, para quienes están interesados en aprender a escribir guiones para telenovelas y también para series, aunque estas últimas no tienen tanto éxito entre los televidentes mexicanos.  Al concluir el diplomado, los estudiantes deben presentar, como tesis, una novela breve más diez capítulos listos para ser grabados.. Como es natural, son muchos los que estudian el diplomado, pero pocos los escogidos para colaborar con la empresa.  Sin embargo, ahora que se producen tantas novelas en Miami y en Los Angeles quizá puedan conseguir  trabajo allá.

Hagamos un breve recuento de algunas telenovelas famosas de TELEVISA. Por ejemplo, las tres filmadas por Thalía: María Mercedes (1992), Rosalinda (1999), y María la del barrio (1996). El actor y escritor de telenovelas, Ernesto Alonso, protagonizó una que llamó mucho la atención: El maleficio (1993). Podemos también incluir las diferentes versiones que se filmaron de Corazón salvaje (1993); la última, creo, protagonizada por Eduardo Palomo, Edith González y Ana Colchero (a la que también se le pagó una elevada suma) en la cual causó furor  el personaje de Juan del diablo. Notable fue también Los ricos también lloran (1979), con Verónica Castro, que presentaba la idea de que no sólo los pobres son desdichados.  Hubo también novelas infantiles entre las que destaca Mundo de juguete, filmada en los años setenta, con las actrices Graciela Mauri y Sara García.

La competencia, es decir, TELEVISIÓN AZTECA, intentó producir telenovelas de un corte distinto que incluyeran la política; por ejemplo, Nada personal (1996), con la famosísima canción (con el mismo título) de Armando Manzanero,  interpretada  por Lisette. El año siguiente (1997) se filmó Demasiado corazón, que no alcanzó  el éxito de la anterior. La más revolucionaria porque  presentaba ante la sociedad mexicana un tema tabú (el amor de una mujer mayor por un hombre más joven) fue Mirada de mujer (1997), con Angélica Aragón y Ari Telch en los papeles protagónicos.

La telenovela es un melodrama donde debe existir la mujer buena a la que le sucede toda una  serie de desgracias pero que, al final, resulta  triunfante. Luego, la villana, capaz de todas las maldades. ¡Ah! Aun cuando la mujer mexicana tiene el pelo obscuro, la protagonista por lo general era rubia, con ojos claros. La villana, entonces, era morena con el cabello negro.  El protagonista masculino,  asediado por la villana y acusado de robos y actividades ilícitas, se envuelto en muchos líos y corre el riesgo de perder a su amada, aunque todo se aclara al final. Luego, todos los demás personajes que conforman una especie de telón de fondo y que sirven para el lucimiento de los protagonistas. Imprescindible, además, en las telenovelas mexicanas es la presencia de la Virgen de Guadalupe, en estatua o en imagen, a la cual se encomienda la protagonista.

Muchas telenovelas contemporáneas son sólo refritos de otras filmadas años atrás  y, aunque el público lo sabe, sigue viéndolas y comparándolas con las anteriores.  Dicen algunos autores que la sociedad mexicana está tan habituada a este género televisivo que es imposible cambiarlo porque se corre el riesgo de perder a la audiencia. Por ejemplo, mencionan que se hizo un intento de presentar series que no tuvieron éxito aunque son tan populares en otros países, como los Estados Unidos.

El origen de las telenovelas se remonta al siglo diecinueve cuando existían las novelas por entregas. Es decir, se publicaba un capítulo por semana y se dejaba  en suspenso al lector que no sabía qué ocurriría después por lo que no podía dejar de comprar el periódico. Las telenovelas proceden de la misma manera: el final de cada capítulo contiene un elemento de suspenso que se resolverá al día siguiente.

Dado que la tecnología ha introducido muchos cambios en la sociedad contemporánea, no será posible hacer refritos de las historias del pasado. ¿Cómo serán las nuevas telenovelas? Los estudiantes egresados de este diplomado, ¿tendrán la habilidad de escribir historias  para las  audiencias de nuestros días? El cine ya ha producido filmes con temas actuales, por ejemplo, Tengo un e-mail (1998), protagonizada por Meg Ryan y Tom Hanks y dirigida por Nora Ephron. O como las noticias diarias son tan desalentadoras, ¿preferirá el público olvidarse de la realidad a través de la televisión? 


Las telenovelas mexicanas se han distribuido por el mundo y se han traducido a muchos idiomas, incluyendo el chino. Es cierto que la grabación de cada  episodio cuesta muchísimo dinero, pero ¿cuánto gana la empresa con esa distribución? Entonces, es muy posible que TELEVISA se adueñe del mercado ahora que TELEVISIÓN AZTECA le ha dejado el camino libre.  

Mi hermano Gonzalo

MI HERMANO GONZALO

Gonzalo a orillas del río Tunal 

Hoy quiero recordar a mi hermano Gonzalo con énfasis especial en la etapa de la niñez y la juventud. Llegó a este mundo el 2 de marzo de 1949, cinco años después del nacimiento de Alicia y diez después del mío. Su arribo fue un acontecimiento gozoso, especialmente para mi papá, pero también para mi mamá porque había tenido un embarazo difícil;  además, para deleite suyo, tenía el pelo chino, como mi papá, pero güero y era más blanco que  nosotros, los mayores.

En ese entonces todavía vivíamos en la amplia casa de la calle de Independencia, en Durango, y pasábamos las vacaciones en la Villa de Nombre de Dios.  Un día, no recuerdo cuántos años tendría Gonzalo, pero era todavía pequeño.  Estábamos jugando beisbol en el amplio patio  y yo estaba al bat. Para mi mala suerte, la pelota se estrelló en la cara de Gonzalo y le arrancó un diente. No recuerdo que llorara mucho.  Por fortuna,  era todavía uno de leche, así que seguimos jugando.  Cuando llegó mi papá de la Villa, se enfureció y me estampó una bofetada. Fue la única  vez en la vida que me dio un golpe.

Cuando estuve durante un año en el colegio en los Estados Unidos, Gonzalo  estaba en primaria y me escribió varias cartas que ahora lamento no tener a la mano porque destruí todas las que recibí antes de regresar. Eran cartas llenas de inocencia y de preguntas sobre la nieve, el cine o el río Mississippi que yo mencionaba frecuentemente porque me había fascinado. Me decía que esperaba con ansia mi regreso para que fuéramos a nadar.  Sin embargo, conservo las que yo les escribí a él y a Ricardo, quien nació después de Gonzalo. Como ejemplo, copio un párrafo de la que les envié el 20 de febrero de 1958:

Me hubiera gustado que la semana pasada hubieran estado aquí pues todo estaba nevado, y, además, los niños y niñas estaban patinando en el lago que estaba congelado y paseando en trineo. Yo no me animé a salir pues aparte de que hacía mucho frío, es muy difícil caminar en la nieve o hielo porque son muy resbalosos.

En otra carta, felicito a Gonzalo por su buenas calificaciones y por la notable mejoría de su letra.  Ya próximo  mi retorno a Durango, les comento que ya les había comprado lo que me pedían: canicas, dos camisas, un rompecabezas. No pude adquirir todo lo que deseaban, especialmente un radio de transistores, porque a duras penas y gracias a unas clases de español que di durante unas semanas, había ahorrado lo suficiente para mi pasaje de autobús.   Además, le ofrecía a Gonzalo que iríamos a nadar todos los días.

Luego de habernos mudado al departamento en la calle de Patoni, cuando  la situación financiera de la familia se volvió tan difícil y que extrañábamos el amplio espacio de que disfrutábamos en la casa de Independencia,  todos tuvimos que trabajar. Gonzalo  fue aceptado en los Almacenes Valdepeña, una tienda de telas donde el dueño vigilaba todo el movimiento desde un tapanco. Cuando una persona se interesaba por una tela, la empleada gritaba: “¿A cuánto le deja esta tela?” Y el señor Valdepeña respondía lo que le parecía conveniente.  Gonzalo tendría quizá doce o trece años y seguramente ayudaba a acomodar los rollos de tela, lo que le permitía ganarse unos cuantos pesos a la semana. Ricardo, que era muy chico, ayudaba a mi mamá a preparar dulces de nuez que luego vendían en distintos lados.

Cuando la familia emigró a la Ciudad de México, Gonzalo permaneció unos meses en casa de mi abuela materna hasta terminar la secundaria. Al llegar al Distrito Federal ya era demasiado tarde para presentar el examen de admisión a las preparatorias de la Universidad Nacional Autónoma de México, por lo que entró a la Universidad Lasalle.  Al graduarse, logró ser admitido en la Facultad de Medicina de la UNAM. Mi papá, con el afán de consentirlo y demostrarle el gran afecto que siempre le tuvo, le compraba todos los días una cajetilla de cigarros que depositaba en su  escritorio, lo que lo habituó al cigarrillo y le causaría problemas de salud a lo largo de su vida.

En 1969  adquirí mi primer automóvil, un Volkswagen. Tomé un curso de manejo que no me sirvió  mucho porque sólo consistió en dar vueltas alrededor de la Plaza de Toros a las 7:00 a.m. cuando no había tráfico. Logré sacar la licencia, pero no me animé a manejar el coche que permaneció guardado en el garaje. Durante un mes,  todas las noches, alrededor de las 10:00 p.m.,  Gonzalo, Ricardo y yo abordábamos el coche y me acompañaban a dar vueltas por distintas colonias para conocer las calles y avenidas pero, sobre todo, a adquirir confianza. Fue así cómo logré vencer al miedo a manejar.
 
En otra ocasión, los tres hicimos un viaje a Acapulco en mi Bocho. Nos hospedamos en el departamento de la familia de una amiga y la pasamos  muy bien. Yo iba a saludar a una pareja que me había ayudado mucho en Cape Girardeau y que venían en un crucero que se detendría un día en Acapulco. Cumplido ese propósito, nos dedicamos a asolearnos y disfrutar de la playa. Cuando una vendedora de bikinis se detuvo frente a nosotros, Gonzalo decidió que era el momento de adquirir uno para mí. Me dijo: “si no te lo pones ahora, ya nunca te lo pondrás”. Y tenía razón porque mis veinte años ya habían quedado atrás.

Para el servicio social lo enviaron a Chupícuaro, un pueblo en el estado de Guanajuato, cercano a Acámbaro adonde se llegaba por un puente construido seguramente en los días de la colonia por que el que pasaba un solo coche, de manera que había un empleado en una caseta que vigilaba el tráfico. En su casa abrió una pequeña clínica y atendió a muchos pacientes. Recuerdo el caso de una niña recién nacida que su madre llevó porque se había caído de la cama y tenía un severo golpe en la cabeza. Gonzalo la cuidó amorosamente y la salvó. Se encariñó tanto con ella que yo le sugerí adoptarla. Mi papá y yo estábamos de visita ese fin de semana, así que le dije: “Si se la entregas a su madre, se va a morir pronto”. Y así sucedió: una semana después la niña había fallecido. Fue un duro golpe para Gonzalo.  Algunos pacientes se encariñaron tanto con él y le tenían tanta confianza que, años después, cuando ya vivía en Querétaro, viajaban para verlo en fin de semana.

Mi hermano Gonzalo falleció en enero de 2013. No llegué a tiempo a Querétaro para decirle adiós.  Durante el último año habíamos tenido una muy frecuente comunicación, excepto en diciembre de 2012 cuando yo estuve cinco semanas en Ben Franklin, Texas, en el rancho de unos amigos. Quizá sea por eso que está siempre presente en mis pensamientos, además de que me encantaría conversar con él sobre mis problemas de salud. ¡Era un médico excelente!
















   

Aventura con las golondrinas

UNA AVENTURA CON LAS GOLONDRINAS

“Unas golondrinas están construyendo su  nido en la pared de la entrada de tu casa”, me dijo alarmada una prima que me hizo el favor de cuidarla mientras yo estaba en la Ciudad de México. . Ignorante de lo que eso significaba, repuse: “No te preocupes. Cuando llegue me encargo del asunto”.
A mi regreso, el nido  estaba ya  en plena construcción y la pareja de golondrinas se ocupaba activamente de  terminarlo. Yo me divertía viendo cómo volaban incansablemente de un lado a otro acarreando el lodo en sus picos y observando el avance de su morada.  Llegó el día en que la golondrina hembra se acomodó en el nido y puso sus huevos. El macho se apostó como vigilante en la herrería de una ventana. Hasta ahí, todo iba bien.

Un buen día nacieron los polluelos. Entonces las golondrinas iban y venían a los árboles en busca de insectos o lo que sea que se necesita para alimentarlos. Todavía seguía yo divirtiéndome y admirando el esfuerzo de las aves. La situación dio un giro radical cuando los polluelos empezaron a crecer y a colgarse del nido para defecar lo que implicaba que yo tuve que cubrir con periódicos (que cambiaba dos o tres veces al día) el piso de la entrada. Me armé de paciencia, me sentí un alma buena porque toleraba a las aves recién nacidas y esperaba que pronto aprendieran a volar y se alejaran de la entrada de mi casa. Por supuesto, ya era imposible sentarme afuera, en el garaje, en mi silla favorita a leer por las tardes porque había corucos  (pequeños parásitos de las aves domésticas) que provocan mucha comezón. Me di ánimo para conservar la paciencia pensando que pronto me libraría de las golondrinas y destruiría el nido.

Efectivamente, un buen día los polluelos salieron  e imitaron  a su madre probando sus alas.  Me sentí feliz. De pronto, una mañana observé que la hembra estaba nuevamente en el nido empollando. Me invadió la furia. Habían pasado tres meses. Había soportado  con paciencia infinita todas las molestias provocadas por las aves. Ahora, empezaría de nuevo el proceso.

Cada día me costaba más trabajo soportarlas y empecé a odiarlas. Comprendí de pronto al vecino que cuando unas palomas pusieron sus huevos en el techo de su casa, subió y los  aplastó. Le di la razón. Ahora tenía que seguir cuidándome para que el excremento de los polluelos no cayera sobre mis cabellos. Un día, un polluelo estuvo a punto de caer al defecar y yo estaba entusiasmada esperando que cayera.  Lamentablemente, logró trepar y refugiarse en el nido.

Una tarde monté en cólera. Tomé un insecticida en aerosol y empecé a rociar hacia arriba (el nido estaba muy alto) con la esperanza de que el producto envenenara a los polluelos. De pronto, oí un chillido de alarma emitido por la madre advirtiendo a sus hijos del peligro  para  que se escondieran lo más abajo posible dentro del nido. La golondrina se dejó venir cual flecha veloz dirigida hacia mi cabeza (yo estaba de espaldas)  pero logré esquivarla y no me hizo daño.  Era la venganza de una madre por la amenaza  contra sus hijos.

Transcurrieron todavía no sé si tres o cuatro semanas y un buen día las golondrinas emigraron. Antes, en el pretil de la azotea se reunió un grupo de aves que trinaban ruidosamente. Parecían un  grupo de comadres que se juntaran para despedirse, comentar los sucesos de su estancia  y desearse buena suerte en el camino.

¡Qué felicidad! La entrada a mi casa quedaba libre y recuperaba el espacio para disfrutarlo por las tardes. Con la ayuda del jardinero, desinfecté lo mejor que pude el suelo y los muros y me dispuse a disfrutar del otoño y del invierno. La primavera se veía muy lejana.

El tiempo pasó y sabedora de que las golondrinas regresan al sitio donde estuvieron el año anterior, me preparé, nuevamente con la ayuda del jardinero, para impedir que de nuevo construyeran el nido en ese rincón del techo que les brindaba mucha seguridad porque hasta ahí no llegarían otras aves que pusieran en peligro a los polluelos.

Compré un plástico grande y, aunque afeara la entrada, lo clavamos cubriendo todo el espacio arriba de la puerta. Las golondrinas llegaron e intentaron entrar por algún resquicio pero allí estaba yo para impedirlo. Y lo logré. Al fin, se convencieron de que tendrían que buscar otro sitio y lo encontraron quizá en alguna azotea cercana porque todavía, para retornar a su nido, las veía confundirse, dirigirse hacia mi entrada y luego volar hacia afuera.

La primavera siguiente ya no se dirigieron a mi casa.   El plástico estaba de nuevo en su lugar y yo las observaba atentamente. Estos últimos años han venido menos aves. Quizá tuvieron experiencias semejantes a la que vivieron conmigo y volaron más lejos en busca de sitios más seguros. Cada vez hay más fraccionamientos  por este rumbo y pocos lugares donde puedan anidar. Tampoco se reúnen ya en el pretil de mi azotea y extraño sus  gorjeos de felicidad.

El poeta español Gustavo Adolfo Bécquer escribió: “Volverán las oscuras golondrinas/en tu balcón sus nidos a colgar/y, otra vez, con el ala a sus cristales/jugando llamarán”.  Versos más adelante concluye: “aquéllas que aprendieron nuestros nombres…ésas ¡No volverán! “


miércoles, 24 de junio de 2015

Premio al escritor cubano Leonardo Padura

RECIBE EL ESCRITOR CUBANO LEONARDO PADURA EL PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS


¿Cuántas personas habrán leído alguna obra de Padura? Supongo que, en nuestro país,  muy pocas. En primer lugar,  porque es un escritor que no ha recibido la gran publicidad que acompaña a otros autores latinoamericanos  y, en segundo,  por tratarse de un cubano. Confieso que yo también lo desconocía hasta que un amigo me prestó la espléndida novela La neblina del ayer (2005). Luego, continué la lectura con Herejes (2013).

Leonardo Padura nació en 1955 en el barro de Mantilla, en La Habana. Estudió periodismo en el barrio de La Víbora, donde conoció a Lucía López Coll, su actual esposa y a quien agradece su apoyo –y sus suculentas comidas- en todos sus libros. En la actualidad, supongo que pasa mucho tiempo en España para escuchar la opinión de sus editores sobre sus narraciones y para estar pendiente de la edición. 

A semejanza de la famosa escritora inglesa Agatha Christie, que creó a su detective ficticio Hércules Poirot, Leonardo Padura inventó a Mario Conde, el detective protagonista de sus primeras siete novelas. En sus últimas aventuras, Conde ha contado con el auxilio de  Manolo, antiguo discípulo suyo quien le brinda un apoyo fundamental para la investigación.

En la primera novela de Paduro que leí, La neblina del ayer, Conde, auxiliado por sus tres grandes amigos, se dedica a recorrer las calles del otrora elegante barrio de Miraflores donde todavía hay hermosas residencias cuyos dueños, apremiados por la pobreza, están dispuestos a deshacerse de hermosas joyas de la literatura cubana del siglo diecinueve con tal de obtener algún dinero extra para sobrevivir.  Al revisar un libro, cae de pronto de entre las hojas un antiguo recorte de periódico que se refiere al suicidio de la cantante Violeta del Río.

Intrigado por este recorte, Conde se da a la tarea de indagar sobre la vida y la muerte de la cantante, lo que sumerge al lector en el fascinante ambiente de La Habana en los años cuarenta con los  grandes cabarets y las visitas de los capos de la mafia estadounidense. Al mismo tiempo, Conde consigue que los dueños de la casa le vendan algunos libros que, a su vez, revenderá a través de uno de sus amigos. Intercaladas a lo largo de la narración se incluyen unas cartas que serán cruciales para el desenlace de la historia.

En la novela Herejes, lo primero que hace Padura es informar al lector sobre el significado de esa  palabra en Cuba. Así, nos dice: Dicho de una situación (estar hereje). Estar muy difícil, especialmente en el aspecto político o económico.  Se trata de una novela histórica que parte del paradero de un polémico  cuadro del rostro de Jesucristo pintado por Rembrandt  que llegó hasta Cuba. Así, nos enteramos de que en 1939, al iniciarse la persecución de los judíos por los nazis, hubo muchos que intentaron encontrar refugio en Cuba. Precisamente en el barco Saint Louis venía una pareja de judíos con su pequeña hija quienes confiaban que el valor del cuadro sería suficiente para permitirles desembarcar en la isla. No sucede así, los viajeros vuelven a Europa y mueren con millones de judíos. Sin embargo, el cuadro permanece en Cuba y sólo al final de la novela conocerá el lector cómo fue que se quedó en la isla y cómo, muchos años después, reaparece en una subasta en Londres. Antes, sin embargo, el pequeño hijo de la familia, Daniel Kandinsky, sí había llegado a Cuba en compañía de su tío Joseph, de manera que en la novela se entrelazará la historia de Daniel, la de su tío, la de cuadro de Rembrandt y el ambiente de la isla en esa época.

La novela está estructurada siguiendo el modelo de la Biblia, es decir, los capítulos se llaman el Libro de Daniel, el Libro de Elías, el Libro de Judith y Génesis. Hay un largo capítulo dedicado a Rembrandt que me pareció sumamente interesante: ocurre en Amsterdam, en 1643 y  me enseñó muchísimo sobre el gran pintor holandés y sus penurias jamás imaginadas después de ver la fama y el valor de sus algunas de sus pinturas tales como “La ronda de noche” o “El regreso del hijo pródigo”.


Este año, pues, Padura –y con él, en mi opinión, la literatura cubana- recibió el Premio Príncipe de Asturias dejando atrás a escritores de la talla del japonés Hiroki Murakami (derrotado el año pasado por el francés Modiane que obtuvo el Premio Nobel), Richard Ford, Ian McEwan y el poeta sirio Adonis. Es también, como ya dije, un reconocimiento a la literatura cubana y, en general, a la latinoamericana.  

Película Little Boy

EL GRAN PEQUEÑO

LITTLE BOY

Se trata de un filme producido por el mexicano Eduardo Verástegui  (no se indica el autor del guión, por lo que suponemos que es él mismo) estrenada  a principios de mayo con gran éxito en los cines del país. Esta película se coloca en la línea detrás de filmes, por ejemplo,  como Nosotros los nobles (2013)  y Guten Tag, Ramón (2014)) que hablan de un  cine mexicano que no se relaciona con el narcotráfico o migrantes que sufren todo tipo de atrocidades.

La historia se desarrolla en California en los años de la segunda guerra mundial, digamos 1942, después del ataque japonés a Pearl Harbor. Pepper (Jakob Salvati, con una estatura normal), como se llama el niño, mide apenas 91 centímetros, por  lo que sufre las burlas y los ataques de otros niños en su comunidad. Su gran amigo que lo estimula para seguir adelante y no sucumbir ante la adversidad es su padre (interpretado por James Busbee), que es enviado para pelear en la guerra en el Pacífico en lugar de hijo London porque tiene pies planos.  Antes de partir, le dice a Pepper: “Mídete desde aquí (señalando la cabeza) hasta el cielo” por lo que el niño se defiende con todas sus fuerzas siempre animado por la convicción de que su padre regresará.

Su nuevo amigo ahora es el sacerdote Oliver (Tom Wilkinson) quien le aconseja hacer una buena obra para lograr el propósito de que su padre regrese.  Pepper se dirige entonces  a la casa  donde vive Hashimoto (Cary-Hiroyuki Tagawa), un japonés solitario, lejos del pueblo y muy cerca del mar. Entre los dos nace una gran amistad y Hashimoto muestra al niño algunos libros sobre las tácticas guerreras de los samuráis lo que le ayudará a enfrentar a quienes lo atacan incesantemente.

Cuando la familia recibe la noticia de que el padre murió y fue enterrado en Filipinas, Pepper rechaza tajantemente la noticia y decide que, siguiendo las tácticas de los samuráis, hará que su padre regrese. Todas las tardes se sienta en una banca, frente al mar, mirando con suma concentración hacia el oriente y moviendo los  brazos como si fueran una flecha. Por supuesto, la historia tendrá un final feliz.

Se trata entonces de una anécdota relacionada con estadounidenses, pero realizada por mexicanos. El director  fue Alejandro Monteverde y la película se filmó en Rosarito, Baja California. Está hablada en inglés, por lo que los niños mexicanos y los adultos que tampoco hablan inglés, la han visto doblada al español. Quizá Verástegui tomó esta decisión para atraer al público latinoamericano residente en los Estados Unidos que ya no habla español, lo que le aseguraría una buena entrada económica.

Es una película amable, casi un cuento de hadas, que no impide que en algunos momentos a algunas personas se les escapen unas cuantas lágrimas. Es también un filme que nos hace sentir bien porque vemos que los directores talentosos como Alejandro González Iñárritu (director de Birdman, que obtuvo el Óscar a la mejor película en 2015), Eugenio Derbez (director de No se admiten devoluciones (2013)  y ahora Verástegui por Little Boy  son capaces de filmar en los Estados Unidos.

Hace poco leí en un periódico que el actor Robert Downey había expresado el siguiente comentario  -palabras más, palabras menos- refiriéndose a González Iñárritu: “Para haber nacido en un país donde se habla español, qué bueno que este hombre es inteligente”. Un comentario discriminatorio que no merece ninguna disculpa.