Es la nueva versión de mis anteriores libros de cocina, esta vez publicado por el CONACULTA y presentado en la Ciudad de México el 15 de octubre del año pasado. Ahora se presenta el martes 24 de enero, a las 6:30 p.m., en el Hotel Casablanca. Para mí, cuando escribí mis libros, las historias eran más importantes, y así lo decidió el CONACULTA. La fotografía de portada fue tomada en la Cremería Wallander, de la calle de Independencia, por el fotógrafo durangueño Octavio Zaldívar.
domingo, 22 de enero de 2017
Un poco de historia sobre los menonitas en Dgo.
LOS MENONITAS EN
DURANGO
Yo conocí a los menonitas cuando
era niña. Venían a consulta con mi tío Alfonso Pérez Gavilán que tenía su
consultorio en la casa donde vivía mi abuela, una espaciosa casa sobre la calle
de Zaragoza. Me llamaban la atención porque ellas siempre vestían un vestido
negro floreado y la cabeza cubierta con
un chal o pañoleta. Ellos vestían un pantalón de mezclilla, con pechera, una
sencilla camisa y un sombrero de paja. Ignoro cómo se entendían porque mi tío
no hablaba alemán, pero sí inglés. Además, como era un hombre tranquilo y
preocupado por sus pacientes, es seguro que se esforzaba por entender lo que
ellos le dijeran. Lo demás se lo decía el examen médico. La mujer llevaba
siempre una canasta con una blanca servilleta que cubría su contenido. A veces
pienso que era su manera de pagar los honorarios.
Muchos años después, durante un
corto período en que trabajé para la Embajada de Canadá, me encontré a los
menonitas de nuevo, pero esta vez en papel. Muchos habían venido a Durango desde
Canadá y querían conservar la nacionalidad canadiense, aun cuando ya iban en la
tercera generación. Mi trabajo consistía
en revisar todos los documentos que se recibían diariamente y que incluían
desde el acta de nacimiento del abuelo para comprobar que la solicitud de
querer registrar al nieto como ciudadano canadiense era justificada. Pero nunca estudié ni reflexioné más sobre
ellos hasta que volví a Durango y conocí a Liliana Salomón Meraz, autora del
libro Historia de los menonitas radicados
en Durango (2ª. Ed, 2009).
La historia de la llegada de los
menonitas a México es larga, pero nos concentraremos en lo que se refiere a su
establecimiento en Durango. La autora nos informa que “En junio de 1924, 347
menonitas que integraban cuarenta familias llegaron a Durango”. Luego,
continúa: “da una idea de su llegada el dato de que sólo un tren con
veintisiete carros de carga, cuatro coches de pasajeros y dos carros de
equipajes” viajaron durante diez o doce días desde Saskatchewan, Canadá,
atravesando todo el territorio de los Estados Unidos y el norte de México hasta
llegar a la estación de Alisos, a cinco minutos de Patos (hoy Nuevo Ideal)
donde se establecieron. Señalaremos de paso que esa región llevaba el nombre de
Patos por la cantidad de aves migratorias que llegaban a las lagunas de esa
región.
Ya radicados en Durango, los
menonitas se dedicaron a trabajar duro (y lo siguen haciendo) en la tierra que
habían adquirido en esa región del noroeste del estado. Era una región donde no
había mucha agua y el frío invernal es intenso, pero los menonitas la han
convertido en un vergel. Tan es así que hay muchos turistas han viajado especialmente a Durango para
conocer esa zona. Se les conoce generalmente como las Colonias Menonitas.
Tienen una tienda donde expenden sus productos y con facilidad y sencillez muestran
a los visitantes sus instrumentos de trabajo y sus instalaciones. A pesar de
que se niegan a que sus hijos asistan a
la escuela normal, han aprendido el español y lo hablan muy bien. Son familias
muy numerosas con siete o diez hijos y las mujeres se sienten mal si no
logran tener muchos hijos. Son
especialistas en la fabricación de queso que se vende en muchas tiendas de
Durango; además, ofrecen también a los visitantes hamburguesas con una gruesa
rodaja de carne (yo sólo puedo comerme la mitad), pan y galletas.
Su arduo y continuado trabajo ha
hecho de la región de Nuevo Ideal un sitio interesante. Distan aproximadamente
dos horas y media en coche desde la capital del estado, pero kilómetros antes
de llegar ya se empieza a distinguir el verdor de sus campos. Además, han hecho
de Nuevo Ideal una región próspera que cuenta con una excelente
institución financiera, además de
restaurantes que pueden atraer a los visitantes.
Cuando en la Ciudad de México o
en otras regiones se habla de los menonitas, siempre se refieren a los
establecidos en la región de Cuauhtémoc, Chihuahua, y olvidan a los que viven
en Durango. Tal sucede, por ejemplo, en el filme Luz silenciosa, del director mexicano Carlos Raygadas que fue
galardonada con el Ariel, además de un premio en el Festival de cine de
Rotterdam en 2005 y otro premio, en Lima, Perú, en el mismo año. No la he
visto, pero sé que es muy larga y que la fotografía es espléndida porque muestra
el amanecer y el atardecer, con espléndidos colores, en las amplias llanuras de
Chihuahua. Sin embargo, puedo afirmar que los colores del cielo en Durango
tanto al inicio del día como al ocaso compiten y quizá ganen a los del estado
de Chihuahua.
Bellos textos de Yolanda Natera sobre el norte del país, especialmente la región lagunera.
VIENTO AZUL
Este libro, integrado doce relatos
escritos por la doctora Yolanda Natera, especialista en homeopatía, y residente en
Torreón, Coahuila, es uno de los pocos que se han ocupado de dar a conocer la
naturaleza y el paisaje del norte del país. Se habla mucho de los escritores
del sur o del Distrito Federal, pero es muy raro que algún crítico preste
atención a los libros editados en el norte generalmente por los Institutos de
Cultura. Como me comentó en una ocasión la distinguida poeta Olga Arias (nacida
en Toluca en 1923 y arraigada en Durango), “darse a conocer desde provincia,
casi imposible.” Yolanda Natera sí ha tenido la suerte de que sus textos hayan
sido recogidos en otras publicaciones, por ejemplo, en la antología titulada Sin límites imaginarios, editada por la
Universidad Nacional Autónoma de México.
Los doce relatos que integran el
volumen son los siguientes: Remolinos, Sorpresiva flor, La pesadilla, Un día
cualquiera, Peñascos, Canto de Ave, Recuerdos de alguien, Zapato de bailarina,
Dólares caros, Los pájaros, Errante, y Ofelia
en el país de las maravillas. Todos ocurren en la zona conocida como la región
lagunera, aunque mucho más en Torreón, Coahuila, y sus alrededores. Muchos tienen que ver con los problemas que
debe enfrentar la mujer: el acoso sexual, la discriminación racial o el despido
de un trabajo bien remunerado cuando la mujer tiene dos hijos y carece de otros
ingresos o querer ser libre sin ataduras como marido o hijos.
En el texto “La pesadilla” la
historia tiene que ver con lo que lamentablemente ocurre con mucha frecuencia
en los pequeños poblados aislados en el campo y que con mucha facilidad son
tomados por los delincuentes que se aprovechan de las tierras y de sus
habitantes. El texto empieza de la siguiente manera: “Desde aquella época en que aterrizaban avionetas en el llano, mi vida
se pintó de oscuro. Algunos sueños se convirtieron en pesadillas que revivían
la cara con su diente dorado”.
Más adelante el lector descubrirá quién tenía el diente dorado y por qué razón
le provocaba tantas pesadillas a la protagonista que carece de nombre, lo que indica que es una situación
por la que atraviesan muchas mujeres.
En “Un día cualquiera” la
narradora recuerda cómo fueron los inicios de Torreón y de la zona del Mercado
Alianza y del Cerro de la Cruz. Hace más de cincuenta años eran unas calles
animadas y seguras, se podía caminar por ahí sin temor alguno. Puedo decirlo
porque yo, siendo una adolescente, anduve muchas veces por esa zona porque era
ahí donde se encontraba la terminal de los autobuses Transportes del Norte, que
iban de Durango a Torreón. Mi tía abuela Luz y yo tomábamos ese autobús cada
dos semanas para trasladarnos a Torreón donde yo estaba siendo atendida por un
ortodoncista ya que en Durango no había ninguno. Efectivamente, era el corazón
de Torreón, pero todo cambió cuando los narcotraficantes se apoderaron de la
ciudad y ese es precisamente uno de los temas que aborda este relato.
Quizá uno de mis preferidos sea
“Peñascos”, dedicado sobre todo a cantarle a la naturaleza. Se trata de un
vaquero que nunca quiso estudiar y que desde niño, y con la aprobación de su
padre, se dedicó vivir en el campo
cuidando a los animales y admirando la belleza de este suelo semidesértico, con
muy escasa vegetación, pero con una gran belleza. Veamos el siguiente párrafo:
“En la oscuridad, apareció una lengüeta azul y roja cerca de la vereda,
Jinete y caballo nos sobresaltamos. Lengüeta de lumbre. Fue que brotaba de la
tierra, fuego fatuo. Decíase que el fuego fatuo sale de la tierra donde hay
huesos o metales enterrados.” {…} Más adelante, al mirar al cielo, iba cayendo
un aerolito, como una canica de lumbre lanzada a la tierra. Había mucho que
mirar en esa tierra de sol hiriente y luna fría. Así es la región, ahí por
Ceballos. Después le llamaron Zona del Silencio, porque se dejaban de oír los
radios. Entonces nosotros ni radio teníamos”.
En los textos “Zapato de
bailarina”, “Dólares caros”, “Los pájaros”, “Errante” y “Ofelia en el país de
las maravillas”, la autora aborda los temas relacionados especialmente con la
mujer. Por ejemplo, la que pretende ser americana porque es rubia cuando vive
en California y luego es descubierta, la mujer sometida por su madre que no le
permite vivir feliz su vida de casada, la que es despedida y aun teniendo un
título universitario no puede conseguir trabajo así que recurre a la actividad
tradicional de la mujer: la cocina, o la mujer libre a quien no le importa ser
madre y regala a su hijo recién nacido. Todos ellos se ocupan de situaciones
que la mujer contemporánea tiene que afrontar.
Como ya lo hemos señalado, destaca
también en el texto la minuciosa descripción de la naturaleza, del vibrante sol
de esa región, de la forma en que la vida ha ido cambiando. Además, intercala
en distintos relatos localismos propios de esa zona: por ejemplo. Aterrada (con
el sentido de llena de tierra por las tormentas de tierra propias de esa región),
engarruñada, maniada (torpe) y enlentecen (vuelven lento).


domingo, 15 de enero de 2017
Excelente adaptación de la novela de Vargas Llosa
LA FIESTA DEL CHIVO
Tal es el nombre correcto de esta
magnífica novela de Mario Vargas Llosa que se publicó en el año 2000. Ahora, en el Canal 12
(televisión abierta) de Durango se transmite de lunes a viernes una serie
titulada El Chivo que seguramente ya
pasó por los canales de paga. Advierten que se trata de una adaptación libre
–yo diría que muy libre- de la novela mencionada. El título es el apodo con el
cual la gente se refería al dictador Rafael Leonidas Trujillo, cuya dictadura
en la República Dominicana duró, según unos historiadores, cuarenta y tres años y, según otros, treinta y
uno. Durante esos largos años se piensa que murieron 50,000 personas víctimas
de la tortura por oponerse a la dictadura y participar en la organización de
atentados que fracasaron continuamente, ya sea porque cambiaba la ruta por
donde pasaría el automóvil de Trujillo, o porque alguien delataba el plan. En
la serie, el actor mexicano Julio Bracho encarna a Trujillo y cumple bien con
su cometido.
La novela de Vargas Llosa empieza
de un modo diferente. Urania Cabral, una dominicana exiliada en Nueva York,
regresa a su país en 1961 después de veinte años de ausencia y cuando dejó de
ser una dictadura. Se aloja en un hotel. Todavía viven su padre y unas amigas,
pero ella prefiere caminar por el centro y no saludar a nadie. Después se aleja
más de ese rumbo, hasta que va a dar a la casa de sus amigas. Ellas le
preguntan por qué no ha querido saludar a su papá y entonces la novela vuelve
al pasado.
Para humillar a sus generales,
particularmente a quienes lo habían decepcionado, Trujillo tenía la costumbre tener relaciones
sexuales con las esposas de estos generales obligándolas a ello porque de otro
modo mataría a sus hijos o a su marido. Además, después de lo sucedido,
Trujillo le decía en voz alta al general ofendido, rodeado de otros generales,
que había sido una experiencia maravillosa hacer el amor con su esposa. Sin que
se afirme en la novela, la madre de Urania había fallecido rápidamente cuando
ella todavía era una niña y todo hace
suponer que se debió a la humillación a la que la sometió Trujillo con el
consentimiento de su marido que no la defendió.
Un buen día, Trujillo decide
experimentar con adolescentes de un colegio de monjas entre las cuales se
encuentra Urania. El padre se opone e insiste con Trujillo para que desista,
pero éste lo amenaza y, entonces, cede. Envía a Urania a la residencia de que
disponía Trujillo para sus aventuras amorosas diciéndole que va a haber una
fiesta. Una vez en el lugar, Trujillo no puede consumar el acto sexual y esto
beneficia a Urania que escapa y se refugia en el colegio de monjas. Éstas la
protegen, le consiguen un pasaporte y la envían a los Estados Unidos. Es
precisamente este hecho lo que aleja a
Urania de su padre y de su país y es la causa por la cual no quiere verlo. Finalmente, lo visita.
Ésta es la historia que sirve como eje a la narración, pero
también hay varios capítulos dedicados a describir cómo se planeaban los atentados y como fallaban. Finalmente, sí logran herir a Trujillo, pero en
ese momento los Estados Unidos de América intervienen y el dictador tiene que
dejar la isla. No sé dice donde murió y dónde está enterrado, pero habría que
leer una biografía de Trujillo para tener esa información.
En la serie se ha dado bastante
espacio a las escenas de tortura dirigidas por Johnny Abes García, un hombre
sádico que había participado en Alemania en la tortura a los judíos y que
existió en realidad. Lo ayudaba en estos oficios el general Agustín Cerebrito
Cabral y otros oficiales que no estaban de acuerdo pero que no tenían otra
opción.
Las actrices son muy bellas, pero
no quedan claros los nombres. La canción de entrada es muy buena y ad hoc para
las escenas. Dice asi: “Anda con cuidado, porque la fiesta del chivo ha
empezado”. Y ya hemos presenciado la humillación a la que sometía a mujeres y
hombres por igual.
Hay algunas escenas que no tienen
nada que ver con la novela; por ejemplo, cuando Trujillo llama a Batista, el
dictador de Cuba, y le advierte del
peligro que representa Fidel Castro y su grupo tanto para la propia Cuba como
para la República Dominicana.
La novela, como ya dije, es
formidable, si bien algunos capítulos le erizan la piel al lector al enterarse
de las torturas y del sigilo con que vivieron tantos dominicanos durante tantos
años. Supongo que la serie terminará con
la caída de Trujillo quien, por cierto, profesaba un amor ciego a su madre,
pero antes veremos muchas escenas de tortura y de planes para los atentados,
así como el precio que algunos pagaron al ser descubiertos.
Recordando las posadas sin los "antros" ni las compras desesperadas.
LAS POSADAS EN LOS
AÑOS CINCUENTA
Amigos lectores, quiero recordar
hoy cómo se celebraban las posadas en Durango en esos años, aunque debo
decirles que en la Ciudad de México lo hacían de la misma forma, es decir, con
un rezo antes de pedir la posada, que es un canto compuesto de varias estrofas.
Las posadas son originales de México, según nos informa el sacerdote José de
Jesús Aguilar, que actualmente tiene una participación destacada en los
programas de Televisión Azteca. Se celebran del 16 al 24 de diciembre. Fueron una creación de los españoles para
evangelizar a los indígenas que gustaban mucho del teatro y de la danza. Las
primeras se celebraron en el convento agustino de Acolman, situado a un poco
más de 41 kilómetros de la Ciudad de México. Antes, esa distancia se recorría
en unos 45 minutos, pero hoy en día se requiere de dos horas.
Los participantes hacen un
recorrido por varias casas en donde piden posada y se les niega hasta llegar a
la última donde José y María son admitidos. Antes de iniciar el recorrido se
acostumbraba rezar el rosario y, si no, por lo menos uno o dos misterios.
Después llega el momento de quebrar las piñatas que, según opina el sacerdote
anteriormente citado, fueron un invento de China, pero tomaron carta de
naturalización en México. Normalmente se trata de una olla de barro rellena de
dulces, naranjas, mandarinas, cacahuates y tejocotes. La olla está recubierta
de papel de china o de otro tipo y puede tomar la forma de un conejo, una
mariposa o una zanahoria (en realidad la forma depende del gusto y de la
imaginación de quién la hace). La más común es una estrella de siete picos, que
representan los siete pecados capitales que se vencen al quebrar la piñata.
A medida que los asistentes van
caminando de casa en casa (como lo acostumbramos en el fraccionamiento donde
vivo) se entona una melodía con los siguientes versos:
Ya van caminando
Los esposos santos.
Vamos, vamos todos,
Siguiendo sus pasos.
Después de varias paradas
solicitando albergue donde son rechazados, llegan a una posada donde son aceptados:
Eres tú José
Tu esposa es María
Sigan adelante
No los conocía.
Al abrir las puertas, todos los participantes cantan:
Entren santos peregrinos
Reciban este rincón
Que aunque es pobre mi morada
Os la doy de corazón.
En ese momento, todos los
presentes se encaminan al patio donde se procede a quebrar la piñata. Luego, se
reparten los aguinaldos y se sirve la merienda que consiste en tamales y champurrado
(un atole hecho con chocolate).Se caracterizaban por su atmósfera un tanto
religiosa y otro tanto inocente.
Cuando estuve en la Ciudad de San
Antonio, Texas, colaborando con una escuela de la UNAM para la enseñanza del
español a extranjeros, entre las diversas ceremonias que organizamos para
familiarizar a los alumnos con las costumbres mexicanas, tuvimos una posada. No
se podía usar una olla de barro porque si algún pedazo hería a alguna persona,
la escuela recibiría una multa. Por lo tanto, se utilizó un globo gigante bien
forrado con papel periódico y luego con el papel de china para darle la forma
de la estrella. Fue difícil quebrarla, pero el estudiante que lo logró le pegó
con tal fuerza que el palo se rompió y un pedazo golpeó a otro estudiante
afortunadamente sin daño alguno.
En aquellos días yo organicé una
posada en la casa y se me ocurrió hacer con un dado con cartoncillo y poner la
piñata dentro. El resultado fue que por más golpes que le daban, el cartón
resistía. Fue necesario quebrarla fuera del dado para disfrutar de su contenido.
Fue una experiencia distinta y aprendí que si las cosas son como son, hay una
razón para ello.
Hoy, las posadas se han
convertido en una fiesta con baile y bebidas y, por lo general, en los sitios que
los jóvenes hoy llaman “antros” (en realidad es un salón de fiestas común y
corriente), pero el idioma va cambiando. Nadie reza ni se ocupan de recordar la
jornada de José y María desde Nazareth hasta Belén para cumplir con el mandato
del César y empadronarse.
Algo que sí me molesta mucho es
que ahora el personaje que domina es Santa Claus y aparece en las tiendas y
aparadores desde principios de octubre. Claro, todo esto tiene una explicación
comercial y se debe a nuestra vecindad con los Estados Unidos, pero las
antiguas celebraciones anticipando la Navidad tenían un cierto sabor sagrado y
no se necesitaba gastar mucho dinero para organizarlas.
Novela de Umberto Eco que enseña mucho sobre la Edad Media.
LA ISLA DEL DÍA DE
ANTES
Esta novela de Umberto Eco que
compré en 1997, con descuento, y que me
había esperado sin chistar en el librero, al fin salió de su lugar y me puse a
leerla. Cualquier lectura de Eco es un reto: requiere, en primer lugar, de un
lector informado, de paciencia, atención,
un poco de conocimiento de lenguas extranjeras y búsqueda de los datos que
pueden ayudar a comprenderla. Al concluirla, el lector se dará cuenta de que valió la pena el esfuerzo.
Los hechos suceden en el siglo
XVII, específicamente en el verano de 1643, cuando un náufrago en el Océano
Pacífico, Roberto de la Grive (de origen francés) asido a una tabla y que no
sabemos cuánto tiempo ha estado así, divisa un barco –después sabremos que se llama
Daphne- al que logra subir mediante
una cuerda que colgaba de la nave. Recorre una gran parte del barco y se da
cuenta de que no hay nadie, pero tampoco señales de que haya habido una plaga o
una enfermedad mortal. Cuando se ha repuesto un poco del gran esfuerzo
realizado, empieza a recorrer cautelosamente la nave y a los únicos seres vivos
que encuentra son muchas aves multicolores en sus jaulas y que jamás había
visto en Europa.
Por su parte, Roberto de la Grive
hacía embarcado en una nave llamada Amarilis,
que había zarpado de Amsterdam, como también lo había hecho el Daphne, pero el primero había naufragado
y Roberto era el único superviviente.
Encuentra agua para beber y se alimenta con los huevos que ponen las gallinas
enjauladas mientras vaga temeroso por el barco. Todas las aves parecen bien
alimentadas y tienen agua para beber, lo que le hace suponer que debe haber
alguien más en la nave. Muchas páginas
más adelante sabremos por el padre Caspar, un jesuita cadavérico que encuentra
en el fondo del barco y que había logrado sobrevivir, que el objeto de la
expedición tanto del Amarilis como
del Daphne era encontrar el punto fijo, el cual, según encontré en
el internet, era precisamente el lugar donde se dividía la tierra en dos
partes, el oriente y el occidente, porque según la filosofía de ese entonces la
tierra estaba formada por materiales acuosos que se unían precisamente en el
punto fijo. Veamos lo que escribe Eco:
“Porque aquí está el meridiano ciento y ochenta, que es exactamente el
que la tierra en dos separa, y por la otra parte está el primer meridiano: tú
cuentas uno, dos, tres, por trescientos y sesenta grados de meridiano, y si
eres a ciento y ochenta, aquí es media noche, y en aquel primer meridiano es
medio día. ¿Verstanden? ¿Tú adivinas agora por qué las Islas Salomón han sido
así llamadas? Salomón dixit corta niño en dos, Salomón dixit corta Tierra en
dos.”
Además de todos estos alegatos y
discusiones sobre los meridianos, porque no hay ningún problema con la latitud,
en las largas horas que Roberto pasa solo, echado sobre un camastro, escribe en
unos papeles que encuentra una larga
carta a su amada Lilia, a la que llama Señora, aunque sabe que nunca llegarán a
sus manos. En estas cartas rememora su participación en la guerra de los
treinta años (otro problema que le plantea Eco al lector quien si quiere
entender bien la historia necesita informarse sobre la guerra). Esta contienda
tuvo lugar entre 1618 y 1648 entre Francia y España. Italia todavía no existía
como tal.
Uno de los problemas entre ambos
países era la libertad religiosa y, el otro, que Francia deseaba establecer su
predominio en la Europa central y restablecer el equilibrio que se había roto a
raíz de las victorias de Carlos V de Habsburgo, rey de Austria y de España y que
defendía el catolicismo con mucha energía. Por ello, había entrado en
conflictos que, a la postre, resultaron inútiles. Carlos V no ganó todas las batallas, como
presumía, pero sí se bordaron unos inmensos tapices que proclamaban sus
victorias –lo que no era cierto- que se exhibieron hace ya muchos años en el Museo
de San Ildefonso (antigua Escuela Preparatoria en la Ciudad de México) y que
tuve oportunidad de admirar.
Un siglo después de los hechos
narrados en esta novela, el problema del punto
fijo quedó resuelto con la invención del cronómetro marino de Harrison, y
según dice Eco, los papeles que había escrito Roberto con tanto cuidado fueron
a dar a las manos de algún librero de papeles antiguos donde, supuestamente,
los encuentra Eco y le sirven para escribir esta novela.
Sabemos que el padre Caspar
fallece y Roberto muere también después
de prenderle fuego al Daphne y lanzarse al mar con la ilusión
de llegar a la isla, lo que no sucede. Sin embargo, antes de hacerlo abre todas las
jaulas y obliga a las aves al levantar el vuelo. Ya en las aguas y antes de
morir, alcanza a ver a la Paloma Naranjada que sale de su jaula y levanta el
vuelo.
Vocabulario: verstanden = entendido
Otra llamada del destino: mi tarea de 1955 salió de entre las hojas de un libro de latín.
CLASES DE LATÍN
Al abrir un viejo libro de latín
en el que estudié esa lengua cuando cursé el Bachillerato de Filosofía y
Derecho en el entonces Instituto Juárez (hoy Universidad Juárez del Estado de
Durango) cayó al suelo esta vieja hoja de cuaderno, fechada en 1955, en la que
había escrito una tarea de traducción de oraciones del latín al español y que,
por alguna razón, se quedó guardada en ese pequeño volumen. Inmediatamente
acudieron a mi mente muchos recuerdos de esos días y de esa experiencia.
El profesor era el Lic. Anselmo
Torres, un excelente maestro, que se distinguió entre muchos otros de esos
años, por su puntualidad, su dominio de la lengua (algo de lo que carecía el
profesor de griego que me enseñó en clases particulares la clase de Etimologías
que aprobé en examen de suficiencia porque en el Colegio Sor Juana Inés de la
Cruz no nos la impartieron) y por ser un maestro paciente y entregado a sus
alumnos. Ahora, me he enterado que estuvo en el Seminario y de ahí su buen
conocimiento de la lengua.
Al tener esa amarillenta hoja en
las manos recordé mi experiencia como profesora de Etimologías en el Colegio
Americano en la Ciudad de México. Como se trataba de una materia difícil y que
todos consideraban inútil, tuve que inventar algunos juegos para que los alumnos
cumplieran con lo establecido en el curso. Inicié proyectando dos videos, uno
sobre la antigua Atenas y la no menos antigua Roma, para situarlos en el mundo
donde se habían hablado esas lenguas aunque era muy posible que los alumnos
hubieran visitado ambas ciudades porque los recursos de sus padres les
permitían viajar por el mundo en las vacaciones de verano.
Me asesoré con el Dr. Tarsicio
Herrera Zapién, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, en la
Universidad Nacional Autónoma de México, quien era muy hábil para hacer su
materia interesante y que mi maestro de latín. Me fue tan bien en esa clase que el profesor
trató de convencerme después de que me cambiara de Letras Hispánicas a Letras
Clásicas, pero la idea no me sedujo porque pensé que mi vida se reduciría a
traducir a los autores de la antigüedad.
Les pedí también a los alumnos
que hicieran un cartel con las ideas que les sugerían las palabras y los hechos
que comentábamos. Me llevé una gran sorpresa porque hubo algunos muy originales
y excelentes que nos sirvieron para decorar los muros del salón.
Recuerdo hoy una conversación
curiosa entre los alumnos que escuché detrás de la puerta entreabierta porque
había salido a traer una taza de café. Algunos protestaban por palabras como
piscicultura, noctámbulo, omnívoro, horticultura, ímprobo, cunicultura y otras que hoy no recuerdo con el argumento:
“nadie las usa”. Claro, entre muchachos de quince y dieciséis años no son
comunes. Pero una de las chicas repuso: “Las usa la Miss y mejor apréndetelas para que no repruebes”. Con una sonrisa,
abrí la puerta y entré.
Mis escasos conocimientos de
latín me han sido muy útiles no sólo para leer a autores como Umberto Eco sino
para conocer el significado de palabras desconocidas por medio de sus raíces.
Además, sirve para el aprendizaje de lenguas extranjeras porque hay muchos
vocablos en inglés, que no es una lengua romance, que provienen del latín, como
acueducto o águila, entre muchísimas otras.
Así, este curioso encuentro con
mi tarea de latín de hace 62 años me pareció un recordatorio del destino de que
debía escribir sobre la misma y a dónde me había llevado esa antigua lengua. Además,
recuerdo hoy también que me sentí muy orgullosa cuando un maestro me dijo que
“había dignificado la clase de etimologías”.
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